domingo, mayo 27, 2007

Amor de abuelo.

(De la serie "testimonios de la revista pronto")

mi abuelo tenía 25 años cuando me tuvo a mí por primera vez. Mi padre nos abandonó y no quiso saber nada de nosotros. Ni siquiera quiso existir; así que podría decirse que mi abuelo fue como un padre para mí. Me alquiló una ama de cría capitolina, que nos amamantó a mí y a mi otro hermano. Robustiana se llamaba, una asturiana de los valles que tenía más leche que cacao, avellanas y azúcar.

Un día a mi abuelo (que era la persona que más células tenía del mundo) , le dio un ataque de juventud... empezó a rejuvenecer sin haber llegado a cumplir los treinta. Pero la vida es así y hay que aceptarla como viene. Nosotros engordando con leche de asturiana, medrando de día en día, y él rejuveneciendo; y la cigüeña en camino Soria.

Así que fuimos creciendo mi hermano gemelo y yo, cada uno succionando un pecho de aquella asturiana ventosa (¡siempre suspirando!), no nos soltábamos ni para ir al bingo; y mi abuelo fue menguando y menguando hasta quedar casi en nada. ¡Tantas células como tenía y luego, tan poquitas! ¡Un zigoto nada más!. A las pocas horas teníamos que mirarle por una lupa binocular para verle; luego era un óvulo. Luego se le salió el espermatozoide... Y luego ya no era nada.

En fin, la vida es así y hay que coger la cabra por los cuernos. Pero lo que yo daría por tener otro abuelo como aquel. El mejor que tuve. Fue como un padre para mí.

8 comentarios:

Sintagma in Blue dijo...

entrañables historias de ayer y hoy...

(genio!)

Al dijo...

Una vez, leí un libro sobre un hombre que nace viejo y con el tiempo va envejeciendo... Original, pero al mismo tiempo tiene su parte triste... Se titula "Las confesiones de Max Tivoli" de Andrew Sean Greer.
¡Realmente estupendo!

Al dijo...

Perdón, quise decir que nace viejo y va rejuveneciendo.
¡Ay, ay, ay!
Comotoy!

M. Imbelecio Delatorre dijo...

sintagma:

acias por tu visita y amable comentario.

al: qué leída está la niña. así da gusto. ya, ya sé lo que quisiste decir ;) se sobreentiende.

coco dijo...

A mí, zigoto, siempre me ha sonado a futbolista. A pescado crudo envuelto en arroz. O a moto de marca. Pero a huevo, nunca. Es que en lugar del graduado escolar yo tengo una etiqueta de anís del mono. Como chiquito de la calzada, pero él es famoso.

M. Imbelecio Delatorre dijo...

Hola, Coco:

jeje... hay muuucha gente (aparte de Chiquito, tú y yo) que tiene en vez de graduado escolar una etiqueta de anís del mono, y cobra un sueldazo sin haberse esforzado para nada en su p... vida. Amiguismo y/o política son su mejor título académico.

Un saludo.

(vaya, me he puesto mu seriote...)

eva dijo...

Pues sí pues sí, amigo Imbelecio, hay que resignarse. C`est la vie.
Pero vamos a ver, aquí falta algo.. cuentas dos historias paralelas: La de tu abuelo rejuveneciendo, y la de tú y tu hermano gemelo pegados a los pechos de Robustiana.
Yo quero la continuación de esa historia!!!
besazo majo!

M. Imbelecio Delatorre dijo...

jeje, hola, Eva :)

pues no sé cómo terminó esa historia... me imagino que esos dos mamones fueron un poco precursores de los jóvenes de hoy, que no se van -no nos vamos- de casa hasta los cuarenta, pues así estuvieron con aquella ama de cría, como dos verdaderos parásitos, hasta que los pechos de la señora, tan agotados, sólo daban leche en polvo.