domingo, marzo 12, 2017

PROYECTO REGLERO (cuento)

-¡Señorita!
La cajera seguía pasando productos por el escáner mientras ladeaba la cabeza y miraba al tipo que se dirigía a ella.
-Las pastas Reglero – dijo aquél , mostrando una caja y un resguardo de compra – me vinieron con un solo piso.
La joven cajera mascaba chicle y miraba alternativamente al señor y a la caja de pastas, un poco aturdida, como intentando situarse. Finalmente paró en su tarea de autómata de pasar productos por el escáner de la caja, y con un bote de mermelada de cereza en la mano, dijo al cliente descontento:
-Te equivocas. Las pastas Reglero tienen un solo piso.
-¿Desde cuándo? ¡Será desde hace muy poco!
-Desde siempre... las que tienen dos pisos son las Cuétara. Y no puedes devolver eso, porque ya está abierto y “semiconsumido”. Si quieres pasar adentro y hablarlo con la encargada...
Y así lo hizo . Habló con la encargada, que tenía unos cuarenta , el pelo teñido con vetas y un piercing en la nariz. Pero le dijo lo mismo que la cajera (y con el mismo tuteo irrespetuoso): Las Reglero tenían un piso, las Cuétara dos. Y eso era así desde siempre. Y el producto estaba en buen estado y empezado. no cabía la devolución.
-¡No! ¡Desde siempre no! - dijo levantando algo la voz y resoplando como El Toro, el personaje de dibujos animados de la Warner.
Y salió del supermercado enfadado y a paso tan ligero que casi embiste el cristal de la puerta automática, que se abría a duras penas. La cajera le miró alejarse y arqueó las cejas, sin dejar de mascar chicle ni de pasar envasados por el escáner, cumpliendo en todo momento su nada desdeñable ritmo de treinta y cinco productos por minuto.
* * *
El Anciano entró en su casa murmurando y echando pestes y repitiendo: “¡me van a decir a mí que...!”.
Se había comprometido a no volver a hacer lo que iba a hacer. Pero era absolutamente necesario. Necesitaba comprobarlo. Aquello sería como su Ultima Ratio.
Bajó al sótano, dejó la caja de pastas sobre un mueble viejo. Luego levantó un par de grandes sábanas que hacían de cubre-polvo y que tapaban montones de periféricos, un entramado de cables , varios ordenadores en serie. Encendió el viejo equipo informático. Durante unos minutos se llenó la penumbrosa sala de lucecitas LED y de beeps de confirmación. Mientras, el viejo se había desnudado y se untaba el cuerpo groseramente con un gel rosado y con grumos que sacaba de un bote del tamaño de uno de pintura.
Cuando se hubo ungido del todo, metió en el bote del fluido rosáceo una cinta para el sudor como la que usan los tenistas, y tras asegurarse que estaba bien embadurnada, se la colocó en la frente.
Tecleó dos comandos en el ordenador principal , y en el viejo monitor verde apareció una secuencia numérica. Se dirigió entonces a una pequeña nevera ( o eso parecía al menos) que había en el fondo del cuarto, la abrió, se introdujo dentro como pudo y cerró. Una vez dentro se cubrió con la cinta de tenis los ojos segundos antes de que un súbito fogonazo eléctrico lo evaporase y desapareciese como si estuviese representando un trillado truco de magia.
-¡Me van a decir a m...!
* * *
El supermercado estaba vacío. Por eso la chica de la caja aprovechaba, pistola de precios en mano, para etiquetar productos. Le gustaba decir que era la más rápida a este lado del Missouri mientras soplaba el extremo de la etiquetadora , y hacer duelos a pistola con su compañero adolescente. Pero en este turno estaba sola. Bueno, ella y el encargado. Circunspección y nada de bromas pues.
-Hola, Lucía. No tengo mucho tiempo. Oye, ¿Las pastas Reglero en dónde las tenéis?
-Tercer pasillo al fondo. Cafés y desayunos.
El viejo que acababa de entrar en la tienda la había llamado por su nombre. Vestía pantalones de pana y jersey de lana. Ella no tenía ni idea de quién era, aunque la cara le resultaba conocida. Pero eso no era extraño en absoluto. La caja registradora imprimía los tickets y se podía “programar” para que incluyera el nombre de las cajeras. Y la fecha. (¡El no va más!). A este encargado le gustaba estar al día en todo eso. Por eso muchos clientes del supermercado conocían el nombre de la muchacha, aunque ella no conociera el de casi nadie. Los tickets de hoy traerían al final una coletilla que diría: “Le atendió Lucía. Supermercado Califrés, grupo IFA, 12 de marzo de 1989”.
La joven siguió disparando a los azulados botes de Nivea sin compasión, que eran pocos y cobardes. A los pocos segundos , aquel tipo extraño ya estaba en la caja esperando a que le cobrase, bajo el póster de Danone en el que un perro parecido al Patán de los Autos Locos pero difrazado de mago, decía en un bocadillo de tebeo: “¿Se puede pinchar un globo sin que explote?”; el perro sujetaba un globo inflado en una mano y un alfiler en la otra, la capa de mago ondeando detrás.
-Venga, niña, venga, venga, ¡que hay prisa!.
La compra consistía en una caja de pastas Reglero (Lucía tecleró el precio), y un bote de cristal de 400 gramos de mini-salchichas Purlom (tecleó el segundo precio). Mientras realizaba esta segunda acción el viejo dijo, como si se disculpara de algo:
-Ya, ya, ya sé que no debería,,, ¡pero las Purlom estaban tan ricas!, ¿eh? ¿eh?
-Trescientas setenta y cinco – dijo Lucía.
-Ahí te van quinientas, y quédate el cambio, bonita.
Lucía, sorprendida, le dio las gracias ( ¡veinticinco duros!) , y aunque por norma no se podían aceptar propinas, se hizo un poco la loca. Al fin y al cabo el súper estaba vacío y el encargado estaba en la garita hablando por teléfono.
El viejo miró la hora. Suspiró antes de salir, y se paró en seco antes de abrir la puerta.
-Lucía, escucha... quería hablarte de... de la importancia de introducirse paulatinamente en el agua para evitar el mal llamado "corte de digestión", que en realidad es un shock muy grave debido al cambio brusco de temperaturas y tiene poco que ver con la digestión... , ¿te parece?
-¡Ah, ya sé quién es usted...! - dijo Lucía con una sonrisa, dibujándosele sendos hoyuelos en las mejillas, admirable rostro juvenil bajo el cardado pelo de oro - ya decía que me sonaba... usted ha venido más veces. ¿está enfermo o algo? Se le ve como bastante más envejecido que la última vez que vino, hace meses ya... Está de paso, verdad? No es del pueblo, porque su cara no me suena a alguien del pueblo... ¡Sí, jaja,pero le recuerdo porque siempre me habla del corte de digestión! . Es usted más gracioso... ¿es viajante de medicamentos o algo así? Pues que sepa que los visitadores médicos no me caen muy bien, jaja, ¡siempre pasan ustedes delante de los enfermos!..
Una nube triste arrugó y enturbió la frente del viejo, y salió del supermercado suspirando tras despedirse de la muchacha . Miró su reloj. Apenas tenía tiempo ya...
Al salir se dirigió con paso rápido a una casa abandonada de las afueras. El ordenador tenía programado el punto de extracción en unas coordenadas de espacio y de tiempo específicas. Aún tenía que despojarse otra vez de aquella ropa circunstancial y aplicarse el fluido... Pero no se pudo resistir. La Verdad muchas veces lucha por salir atropellando a la Paciencia. Mientras seguía caminando, abrió la caja con brusquedad. Rompió el lacre rojo de la delgada hoja de papel blanco que en aquella época envolvía a las Reglero librándolas de la humedad , y que estaba bajo el vistoso cartón (delgado papel, no plástico como más tarde sería). Varias personas se volvieron a mirar a aquel extraño y nervioso sesentón a quien unas galletas que acababa de comprar se le cayeron por el suelo, cuando enfadado gritó a la nada:
-¡Me cago en Dios!. ¡Era uno!

miércoles, febrero 01, 2017

NO ES ASUNTO BERBIQUÍ .

Por Orfelia Juárez.

(artículo sonsacado del Dominical del 30/01/2017, revista semanal publicada con El Ojo de Guanajuato)

Las vidas conyugales de millares de mexicanos pueden estar en entredicho. Un problema silencioso y subjuntivo pone a los matrimonios de nuestra nación ante un amargo problema que nomás hoy comienza a ser comprendido en su completitud.

No podemos amarnos físicamente”

Mariana C. (nombre supuesto) vive con su marido y sus tres hijos chicos en el Barrioalegre de la capital del Estado. Es auxiliar de vuelo de 37 años de una importante aerolínea. Su esposo Álvaro Medina (nombre igualmente falsificado) , de 42, es jefe de ventas de una famosa marca de televisores. Puede decirse que son de clase alta. Y sin embargo su vida conyugal se ve amenazada por un problema chabacano y terrible que afecta al 15% de las parejas mexicanas.

Empezamos a darnos cuenta del problema, al poco de enamorarnos. Pero ha sido con la llegada de los niños con lo que hemos dejado de mantener relaciones amorosas, por reparo. No podemos amarnos físicamente.”, explica Mariana.

El problema del que nos habla el matrimonio Medina, es el desdichado VOI ( de las siglas Ventoseo Orgásmico Involuntario), y que afecta según estimaciones, a un 15% de los varones adultos mexicanos. “Consiste -nos explica Julio Fuensales, especialista en proctología y sexología de la UNAM- en violentos movimientos espasmódicos en la zona perianal al producirse la eyaculación que implican la deliberación parcial del esfínter y la salida del gas en un proceso arrebatado y ruidoso, desagradable”. “es un problema venial – nos sigue explicando el doctor – desde el punto de vista somático, pero que implica alteraciones en la psique de la pareja, al alejar el romanticismo y convertir la relación amorosa en algo vergonzoso y proscrito”

La violencia sonora no es connatural al amor”.

Conocemos testimonios de mujeres que han renunciado a las relaciones amorosas al encontrarse la primera vez con una estampida orgásmica (como llamó al VOI Segismundo Froid), y no han conseguido superar al miedo al varón”, nos explica el doctor Fuensales; aunque en el caso de Mariana y Álvaro es por los niños: “el mayor de nuestros chamacos tiene ya 8 años, y no podemos mantener relaciones sexuales estruendosas , pues nos oirían y podríamos causarles un trauma”

La respuesta hay que buscarla en el DNA que fue legado por los españoles. Se sabe que nuestros vecinos del Norte no padecen este problema; y sí en otros países de habla hispana, aunque las autoridades minoricen e incluso silencien el problema. Dos genes, el ped-0 y el ped-1 parecen implicados en la descarga de neurotransmisores que provoca el espasmo. Se da la casualidad que quienes expresan el ped-0 suelen ser personas además que tiene procesos digestivos más complicados y que les llevan a acumular gases, lo que es un coadyuvante en el problema.

Acompañamos a Álvaro mientras es monitorizado con un farragoso aparataje que mide su actividad sexual, y que le ha sido impuesto por el doctor Fuensales , para datar la magnitud del problema. En el Hospital General de México pide que se introduzca en una pequeña sala y realice una masturbación. Desde la sala de espera somos testigos de la magnitud del problema. A los quince minutos de dejar a Álvaro en sus labores autogesticulantes, escuchamos la tremenda estampida que nos hace sorprendernos e involuntariamente hacernos unas persignaciones. Varias personas que hay a nuestro lado, y que no saben de qué viene el ruido, exclaman con júbilo: “¡Viva el Cinco de Mayo!” o “¡Puebla no se rinde!”

Difícil Solución.

Las más modernas técnicas médicas no logran dar con el tratamiento adecuado a tan proceloso problema. La efectividad de las mismas también está puesta en entredicho:

la cirugía no es aconsejable – nos explica el doctor Fuensales-; en los años setenta se intentaron operaciones que instalaban un puerto de escape artificial, similar a la salida de gases de un cohete convencional. Pero resultó el remedio peor que el propio mal.”

Otra opción – prosigue el doctor- pasa simplemente por taponar el ánodo del varón antes de mantener el coito. Pero esta opción ni siquiera la consideramos los médicos, pues los mexicanos tenemos pundonor y hombría. Es nuestra forma de ser.”

Una tercera opción es reducir drásticamente la ingesta de verduras, frejoles y sodas durante horas antes al acto amoroso. La cantidad acumulada de gas sería menor y mayor por tanto la probabilidad de que la estampida se vea reducida a una mera anécdota”.

Sea como fuere, es un problema serio, no es un problema berbiquí” sentencia finalmente el doctor.

Alvarito (nombre presupuesto) , de 8 años, es el mayor de los niños del matrimonio Medina. En su habitación hay colgados dibujos infantiles. Varios de ellos representan explosiones y monstruos. Alvarito micciona su cama casi cada noche, según nos ha contado él mismo, con cara contrita.