lunes, abril 02, 2007

Cuatro Náufragos (Cuento).

Eva, "discreta" y hermosa como la también manchega Galatea, me ha convencido para que publique este poeniano cuento (uno de los primeros que escribí) sobre cuatro náufragos que descubren que están atrapados... en un sueño. A veces me entretengo con un juego que consiste en ponerse sin ninguna idea preconcebida delante de un papel en blanco, dejar libre la imaginación, y permitir que las manos tecleen lo que quisieren mientras tratan de reflejar en el suelo del papel la informe sombra que proyecta el alto vuelo de aquélla. Así nació este relato.

Un saludo. Gracias por visitarme. Os deseo lo mejor.


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- CUATRO NÁUFRAGOS -

(…)
26 de enero.
Seguimos a la deriva. Hoy se cumple una semana del naufragio y no nos queda ningún alimento, tan solo un poquito de agua que hemos decidido reservar para la señorita Stevens. Ella, debido a la debilidad inherente a su naturaleza, no deja de llorar y mostrarse muy desconsolada; intentamos aplacar su aflicción, pero siempre en vano. No me extraña nada su estado de ánimo viendo lo que ha pasado; sí es de extrañar, sin embargo, el hecho de que no haya perdido el juicio después de contemplar la horrible muerte de su hermano.

27 de enero.
Hoy la tristeza parece consumirnos a todos. He estado observando las caras de los supervivientes (incluso he contemplado la mía propia durante un rato en un espejito de tocador que me prestó la señorita Stevens) y apenas puedo describir los desolados semblantes que en nuestros rostros tenemos pintados. Creo que debo consignar aquí que intenté sonreír un par de veces al espejo y no conseguí nada más que una extraña mueca, mezcla de desesperación y de locura. Grandes ojeras conforman nuestros amoratados párpados, lividez en las mejillas, crispación en los labios y terror en los ojos... parecemos espantajos salidos de un grabado de Goya. Como espejo del alma, nuestra cara refleja nuestros lúgubres pensamientos; baste como ejemplo de esto la somera transcripción de un diálogo que entreoí entre la señorita Stevens y el viejo marchante italiano. Éste trataba de animar a la dama con un optimista aunque falso discurso:

-...Oh no, señorita, no debe usted pensar eso....eso no está bien...además seguro que alguien nos descubre...Hoy día, miss Stevens, los perecimientos por naufragio son mucho menores que en tiempos antiguos, y eso a pesar de que el tráfico marítimo es hoy mayor que nunca...¿sabe por qué las víctimas son menos? porque hoy día se descubre a los naufragados: sí señor, si puedes subirte en una balsa, aunque esté formada por un grupo de tablas mal atadas, tienes una enorme probabilidad de que otro barco te vea. ¿No es esta una ruta comercial muy transitada?, ¿qué debemos temer entonces? no tenemos más que cruzar los dedos y esperar; necesitamos un poco de suerte, eso no voy a negárselo, pero creo que la tendremos, sí, crucemos los dedos y esperemos. Todo se arreglará, ya lo verá.
- Ojalá tenga razón. Ojalá Dios se acuerde de nosotros...- decía la dama sin mucho convencimiento y con lágrimas asomando a sus preciosos ojos.

"Cruzar los dedos y esperar", decía el descreído marchante italiano con afectado optimismo, en lugar de "rezar a Dios y rogarle misericordia", que decía miss Stevens con su fe protestante minorada por un fatalismo más intenso. En cuanto a los pensamientos míos y los de nuestro otro compañero, debo decir que se situaban en el segmento que forman estos dos pareceres, y que poco esperábamos todos de un acontecimiento futuro que aportase algo a favor de nuestra salvación.

29 de Enero.
El calor, la sed, el cansancio y demás padecimientos físicos hacen que a veces seamos víctimas de transitorios accesos de pánico o locura. Crueles alucinaciones, más intensas que las más terroríficas pesadillas -pues estamos despiertos- nos atormentan a uno o a otro. Yo, por ejemplo, me creía rodeado por monstruos indescriptibles, tan horrendos… querían comerme, sí, querían devorarme con sus enormes bocas, morderme con sus afilados dientes amarillentos. Alguien me echó un poco de agua de mar a la cara y desperté al fin, cayendo en la cuenta que tales engendros eran mis propios compañeros bajo el velo de un espeluznante delirio. El individuo cuyo nombre no recuerdo se arrancó un diente con la ayuda de su navaja en uno de estos extraños ataques, y tuvimos que luchar para impedirle que siguiera haciéndose daño, pues decía, que sus dientes “le hacían querer pecar, que debía arrancárselos como la Biblia recomendaba sacarse los ojos pecadores”.

30 de enero.
En este insólito estado de agitación mental en que nos hallamos, entre el amodorramiento y la locura, empezamos a pensar cosas demasiado extrañas…Hoy hemos pergeñado una singular teoría que, quizá porque nuestra imaginación está demasiado excitada, parece satisfacernos a todos. Así comenzó todo. Alguien declamó unos versos de La Vida es Sueño, el famoso drama del poeta español Calderón. Dije yo al escuchar aquellos versos, que acaso nuestras tribulaciones también lo fueran. “Quizá uno de nosotros esté soñando todo esto”, dije, “o acaso todos lo estemos soñando, quiero decir que cabe la posibilidad de que nada de esto sea real, pues en verdad que no puedo explicarme de otro modo tan fantásticos acontecimientos, tan penoso y misterioso viaje…”.

-Eh, eso tiene mucho sentido- dijo el marchante italiano- y más si añadimos que yo, por ejemplo, no recuerdo nada anterior a este naufragio; es como si siempre hubiese vivido así. Además no conozco tampoco nada de ustedes. Nada. No sé en realidad sus apellidos, ni a qué se dedican. Tampoco recuerdo en este momento si tengo esposa, hijos…esto todo es demasiado extraño…
-Es verdad, yo tampoco sé nada de ustedes, ni recuerdo nada de mi pasado y por lo que leo en sus caras, a todos les ocurre como a mí y al marchante italiano…¿Convienen entonces en lo que se me acaba de ocurrir? - dije-, que todo esto no puede ser más que una alucinación, que por alguna razón nos hemos encontrado en el mismo sueño, y padecemos del mismo modo?.

Todos se mostraron de acuerdo en que aquello no era real, no podía ser real, por las razones ya señaladas.

- Si suponemos que el sueño es de solo un individuo, creo que uno de nosotros tres, caballeros, y no la señorita Stevens es quien está soñando.- dijo el tipo cuyo nombre no recuerdo.
-Vaya, ¿y eso por qué? – preguntó la señorita Stevens, muy seria, tratando de comprender esta tan extraña y novedosa teoría.
- Es sencillo – respondió el tipo -: la señorita es muy atractiva, demasiado atractiva, diría incluso que su belleza se sale lo común. Ha de ser necesariamente esta dama un ideal, una fantasía de un hombre. Una mujer no se vería jamás a sí misma tan increíblemente hermosa como puede llegar a poetizarla un hombre con su imaginación. Sólo así me explico su inusual belleza.

Un vergonzoso rubor cubrió las mejillas de la dama, al verse inmersa tan inopinadamente en una conversación en la que en términos tan diáfanos se hablaba de su belleza sin igual.

- Tiene razón en que es singularmente hermosa – dijo el viejo mercader italiano -, pero, siguiendo su razonamiento, puedo rebatir su argumento diciendo que si así fuese, si uno de nosotros, los caballeros, estuviese soñando toda esta falsa realidad, esta supuesta ilusión, no imaginaría a una dama hermosísima y dos caballeros, soñaría, en tal caso, con tres damas hermosísimas y no quedaría sitio en su sueño para ningún caballero…

Todos reímos la argumentación de nuestro compañero (todos salvo la dama, quien avergonzada no sabía a qué atenerse ni qué pensar, pues no reparábamos, tan distraídos estábamos por la conversación, en que tratábamos un tema poco apropiado para discutir ante una señorita), y dijimos que sus razones eran ciertamente ingeniosas. Hablé yo entonces:

-Esa explicación es ocurrente, ciertamente, pero da por supuesto que todas las circunstancias de lo soñado son favorables al individuo está soñando. Quiero decir que presupone que se puede soñar con damas hermosas, o con riquezas, o con otras fantasías halagüeñas, cuando lo cierto es que también caben las pesadillas en lo soñado y esto, en efecto, debe de tratarse de una. Sin embargo vamos a darle la razón a usted - dije señalando al tipo cuyo nombre desconocía - , vamos a ser generosos y, como premio a su ingenio, vamos a concederle el presupuesto de que es uno de los caballeros el que sueña, pues yo también creo que una dama no sabría verse a sí misma tan bella como nosotros vemos a miss Stevens; supongamos que ella es fantasía, una falsa realidad…

Hasta aquí yo pensaba abstraído, razonando fríamente, como si estuviese despejando la incógnita de una ecuación matemática; no reparé por tanto en la crudeza de mis palabras hasta que fue demasiado tarde y oí los sollozos de la mujer… Lloraba porque se había visto desprovista de entidad y existencia en un abrir y cerrar de ojos por tres desaprensivos que no hacían más que asustarla con sus estúpidas teorías…
Me disculpé lo mejor que supe – nos disculpamos todos – ante la señorita y le prometimos que jamás volveríamos a decir tal sarta de estupideces, pues de eso se trataban: no eran más que tonterías.
Sin embargo todos seguimos dándole vueltas en nuestro fuero interno a aquella tan extravagante idea que nos atraía poderosamente. ¿Quién era el que soñaba todo aquello?¿era uno o eran varios los individuos soñadores? ¿Se trataba en efecto de un sueño? En secreto, sin que ella se enterase, planeamos celebrar un concilio nocturno, cuando estuviese dormida, con el fin de dilucidar de una vez por todas si estábamos soñando o si era real todo aquello.

Medianoche del 30 al 31 de enero.

Ella dormía a un lado de la maltrecha embarcación. En el otro, en voz baja, conversábamos así:

-Bien – dije –, he estado pensando. Uno de nosotros está soñando. Puede que sean varios, pero me parece difícil, por no decir imposible, que dos o más personas tengan exactamente el mismo sueño o que se encuentren en él. Debemos seguir en nuestros razonamientos el terreno de lo probable. Los hechos prodigiosos, aunque quizá posibles (pues nuestra misma situación tan penosa nos señala la posible existencia de tales hechos sobrenaturales), debemos, primeramente, desecharlos por no posibles, debemos primeramente aferrarnos a la lógica del razonar para tratar de vencer el desvarío del sueño. Si descubriésemos que ni siquiera tenemos el instrumento de la lógica, que todo es un sinsentido, estaríamos perdidos y nunca saldríamos de la pesadilla.
-Temo que no podamos salir de todos modos – dijo el caballero cuyo nombre no recuerdo -: cuando uno sueña que sueña, próximamente se despierta. Si hemos llegado a la conclusión de que soñamos que soñamos…¿por qué aún no se ha roto el hechizo?
-Vaya, eso tiene mucho sentido – dijo el mercader italiano. - ¡temo entonces que estemos atrapados…!
-No necesariamente – repuse yo -. Cierto que lo que dice usted tiene sentido, pero quizá este sueño sea un tanto especial, y el hecho que haga despertar al sujeto soñador no sea sólo comprender que sueña, sino que sea en este caso conocer que es él quien sueña. Fíjese que sospechamos que esto es una fantasía de uno de nosotros, pero no sabemos de quién.
-¡Oh!, ¡eso tiene una consecuencia fatal, todo eso que dice tiene una consecuencia terrible…! – dijo el mercader italiano, un tanto asustado–…Ello es que si uno de nosotros sueña, necesariamente los demás no existen, son creaciones del cerebro de aquél, son irreales, y se desvanecerán tan pronto se despierte…

Convinimos todos en que aquello era espantoso…terrible. Tan pronto despertase el sujeto que hacía posible aquella fantasía, los demás desaparecerían, morirían, por así decirlo. Aun así, y aunque los otros dos – tres, contando a la señorita Stevens – desaparecerían y quizá nunca renacerían en otro sueño, sino que serían olvidados y se perderían para siempre en la inmensidad del cerebro de un hombre, aun así acordamos que lo mejor era arriesgarse; arriesgar uno contra tres – contra cuatro si contamos a la señorita Stevens y si era en tal caso falso nuestro supuesto de que ella no soñaba – a despertar y vivir una vida real, que no a seguir allí atrapados para siempre, en un mundo falso, onírico, de pesadilla, atribulados por siempre. Seguimos adelante con nuestra conversación:

-Propongo – dijo el caballero cuyo nombre no recuerdo – que nos pinchemos con la punta de mi navaja. Es un truco viejo para saber si uno sueña el de pellizcarse a sí mismo; hagamos lo propio, veamos si un poco de dolor nos hace despertar.

Aceptamos tan ocurrente proposición con agrado y nos pinchamos la punta de un dedo los tres: primero el italiano, luego yo, y al fin el individuo que lo propuso. Los tres sentimos dolor y los tres sangramos unas gotas.

-Vaya, la idea era buena – dijo el mercader italiano – pero debimos haberlo supuesto: los sufrimientos no hacen que despertemos. Si así fuera, ¿no habríamos sufrido ya lo suficiente, tras el hambre y demás padecimientos? Está bien haber probado ese viejo ingenioso truco, el de pellizcarse, pero en nuestro caso no funciona.
-¡Oh, se me ha ocurrido otra cosa…! – dije yo un poco consternado - ¿Y si somos un sueño de su hermano? – dije señalando hacia el lugar en el que tranquilamente dormía la dama.
- ¿De qué hermano?,¿de qué habla…? – dijo el mercader italiano.
-Pues, ya sabe, del señor Stevens, el hermano de la dama, que murió tan horriblemente…
-No tiene ningún hermano. No lo recuerdo... Esto es demasiado extraño…
-Yo tampoco recuerdo que ella tuviese ningún hermano – dijo el hombre cuyo nombre desconozco.
-Yo no recuerdo cómo era – dije yo – tampoco recuerdo cuándo ni cómo murió, sin embargo recuerdo que su muerte fue horrible…Tienen razón: es demasiado extraño…Quizá estemos bajo el influjo de alguna droga que nos hace perder la memoria, quizá por eso estamos aquí atrapados…por alguna razón yo me acuerdo de algo que ustedes no…¡Oh, ya sé…! ¡Ya sé cómo puedo hacérselo recordar a ustedes…!: desde hace un tiempo escribo un diario en el que hago constar nuestras vicisitudes –y, tomándolo de mi abrigo y abriéndolo por la página correspondiente, mostrándoselo, añadí -; vean: aquí tengo apuntado, al comienzo, el 26 de enero, que la muerte del hermano de la señorita Stevens fue horrible…
- ¡Por Dios Santo! – exclamó el hombre cuyo nombre desconocía - ¿escribe nuestras desventuras en un diario?¿Y es usted tan ingenuo como para no darse cuenta de que, puesto que escribe un diario, tiene entonces un punto más de individualidad que nosotros y, por tanto , el que sueña todo esto es usted? ¡Usted y su maldito diario hacen que estemos todos aquí atrapados: destrúyalo si quiere, y así despertará!.
-Oh, probaré a hacer lo que me dice - dije, un poco avergonzado- , tiene sentido. Pero antes permítame escribir en él nuestra interesante conversación de esta noche.
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imágenes: portadas o ilustraciones de la novela Las Aventuras de Arturo Gordon Pym, de Edgar Allan Poe, relato en el que indirectamente se inspira mi cuento.

10 comentarios:

Manuel Machuca dijo...

Un cuento misógino muy de mi gusto.

un saludo.

Al dijo...

Tengo que decirte que comencé a escucharte y me enganché durante los emocionantes 17 minutos de audio mientras al mismo tiempo aprovechaba para leerte.
Esto me recordó mi infancia, cuando aprendí a leer mientras escuchaba en el viejo tocadiscos los cuentos infantiles que me habían regalado.
Me gustó mucho tu relato y tu modo de contarlo. No todo el mundo, entre los que me incluyo, sabemos leer en voz alta y mucho menos leer una historia.
Si, es muy Poe y algo Christie también y mucho menos triste que otros textos tuyos de estos días.
Desde el principio a un protagonista claro, el narrador, pero es interesante saber lo que sueña, ya que normalmente no lo recordamos con claridad, siempre es algo confuso.
Cierto es que la señorita Stevens parece estar en un segundo plano: delicada y bella, como todas las señoritas de las historias. Sin embargo según te escuchaba empecé a pensar que podría haber sido ella la soñadora, aquella que pierde un hermano y aquella que se convierte en el centro de la conversación de los tres caballeros, aquella que lo ve y oye todo pero que no está realmente activa en la historia...
Pues nada, que me gustó mucho.
Chao.

M. Imbelecio Delatorre dijo...

Hola!

Manuel:

;) parece misógino porque intenta ser de otra época e imita, por tanto, la forma de pensar de hombres de otra época. (aunque quizá lo sea también). Un saludo.

Aldaruca: muuuuuuuuchas gracias por leer mis tonteridas :) . sí, era un sueño bastante especial. acias por tantas cosas bonitas que dices, acias, acias, acias, acias, acias, acias, acias, acias, acias.

:)

Sintagma in Blue dijo...

Eres grande, compañero!

Peca dijo...

Halaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa que pasada!!!
¡Es usted todo un talento!.Me ha encantado su cuento, ¿le importa si pongo un enlace en mi blog para que lo pueda disfrutar algún que otro despistado que pase por allí?.Por cierto (la curiosidad me puede) ¿es suya la voz?.
Un besuco

Moisesg dijo...

Genial!

M. Imbelecio Delatorre dijo...

gracias sintagma... pero mido 1,75... un centímetro por debajo de la media de mi edad.

Peca, muuuuuuchas gracias por escucharlo. claro que puedes, para mí será un honor :) (claro que es mi voz, jaja, es apropiada para leer cuentos de misterio porque da escalofrío oírla :P )

Moisésg: aaaaaaacias :) sabía que te iba a gustar, me dije "este es de los de mi colega del CLUB HISTORIAS Moisés, que le mola mucho Poe ;))

Acias a todos :)

Peca dijo...

Ya lo tiene :)
Por cierto, de escalofríos ná de ná eh?
Un besuco

eva dijo...

Me alegra muchísimo que al final hayas puesto este cuento, porque es buenísimo, y ahora leído pues mucho mejor, como un relato de historias.
Lo pasarán de miedo con cuatro naúfragos.... ;)
Un abrazo y gracias por todo!!!

M. Imbelecio Delatorre dijo...

peca, aaaaaacias . jo, :) no entiendo tanta desinteresada bondad de una chica dirigida a un tipo tan asqueroso como yo.

eva: gracias a ti :) yo pensé que no iba a gustar pero fuiste tú quien me animó. besazo, mancheguca :) (jaja, eva se ha enganchao a HISTORIAS también)