
Con muchas webs, bitácoras y demás espacios personales de la red, sucede a veces lo que ocurre con los malos comicastros, esos que sin rubor se copietean unos a otros y todos nos cuentan –mal- el mismo chiste.
Y es que mantener un diario en la red es muy fácil: cualquier tonto puede hacerlo (mirad si no este mío). Ahora bien, mantener un blog y a la vez tratar de ser original, o provocar en el visitante una sonrisa, o hacerle pensar o compartir algo especial con él cuando te lee… Eso ya es otro cantar. Por eso hago desde el principio esa distinción (que podéis leer un poco más arriba, en el encabezado) entre el 99% de blogs completamente vulgares, que nada dicen – como Gilichorradas, v.gr.-, y ese 1% que sí merecen la pena. (NOTA: naturalmente todos los giliamiguetes de este blog pertenecen al exquisito 1%. ¡En nuestros enlaces sólo se admite lo mejor de lo mejor, señora!).
A poco que hayas navegado por los blogs encuentras a más de uno que ha cometido el pecadillo del comicastro del que hablaba antes. Y suele suceder en estos casos como cuando en la escuela un alumno estira un poco la cabeza y mira el examen del compañero de al lado: lo que copia, lo copia rápido y mal; y, claro, luego el profe al corregir ve que el préstamo de palabras canta mucho.
El otro día por casualidad nos enteramos que una señora mayor copió literalmente una entrada nuestra sobre Larra (nuestro suicida favorito), y con todo el morro la hizo pasar por suya en su página. Le pusimos un comentario en el que le indicábamos que copiar sin mencionar el origen no estaba bien (sobre todo cuando le copian a uno); y la señora nos contestaba, enfadada, que los resultados que ofrece Google no tienen dueño ni autor, ni al parecer los ha escrito nadie. “yo lo cogí de Internet”. Para colmo van y nos insultan ella y los amiguetes que le frecuentan el blog: encima de cornudo... Me sentí como cuando en la cola del autobús alguna vez reproché a alguien la mala acción que suponía colarse: quedas tú ante toda la cola como un cascarrabias; y el/la que se colaba, claramente es víctima inocente del arbitrario enfado de un energúmeno.
Eso es una simple anécdota. Pero nos sirvió para preguntarnos si alguien más que una señora faltona y con pocas luces nos copiaba. Un par de días después, hemos descubierto algo curioso.
Una de las entradas más celebradas de este pobre blog, de las más buscadas y leídas desde su publicación, es El Pirata de Walter Scott, una modesta reseña de la relativamente desconocida novela del mismo nombre.
Entre otras cosas, hacemos este pequeño resumen, no del argumento de la novela –argumentos no nos gusta destripar ninguno: odiamos a los imbéciles que te cuentan el final de las películas y novelas – sino del sustrato real en el que se basa Walter Scott (luego la trama del libro no tiene nada que ver). Quede esto claro: ése no es el argumento del libro ni parecido. Con nuestras propias palabras, como nos decían en el cole que hiciéramos las redacciones, decíamos:
Un barco pirata en 1724 se acercó a las septentrionales Islas Shetland. El capitán del velero (un desvergonzado inglés, un tal Goffe) cometió algunas tropelías por tierra, llegando incluso a enamorar a una dama noble con quien promete casarse. Como la justicia inglesa captura al líder de los piratas, le traslada a Londres y es finalmente ejecutado por sus múltiples crímenes, la noble shetlandesa se ve obligada a viajar hasta la capital británica para deshacer juramento ante el cadáver de su prometido, o de lo contrario, según las creencias de aquellas islas, se le aparecerá el espíritu del muerto para cumplir lo prometido.
Buscando por la red, encontramos varios sitios:
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en los que copian –unos literalmente con la función copiar y pegar, otros cambiando con arte alguna palabreja- muchas de nuestras frases.
Pero el caso más insolente es el de la propia editorial Espasa (mi editorial favorita, por cierto), en su web, en la reedición del libro en marzo de 2008. Insolente, digo, porque yo hacía con mucho cariño la reseña de una vieja edición de la propia Espasa...
Escriben ellos (copio y pego a día de hoy, 05/11/2008):
“El capitán de un barco pirata llega a las islas Shetland (Escocia) y seduce a una noble, prometiéndole que se casará con ella. Es capturado y ajusticiado en Londres por sus múltiples crímenes. Ella, movida por la superstición isleña, viaja a Londres para deshacer el juramento, pues de lo contrario se le aparecerá el espíritu del muerto.”
Si no palabra-por-palabra, sí está claramente copiado de nuestro resumen cambiando un par de expresiones. Encima el argumento del libro, como digo, no se parece en nada a eso. Esa es la supuesta historia real que Scott cuenta (de otra forma) en el prólogo.

El redactor ( y/o becario) que edita los contenidos web de la tienda en línea de Espasa, para salir al paso sólo tenía que haberse molestado en copiar el resumen argumental de la solapa del ejemplar de esa misma editorial, en la edición de 2008...
Somos completamente contrarios a poner anuncios en el blog. Y aunque a veces compartimos en él canciones, programas de radio, audiolibros, etcétera, que seguramente tendrán sus derechos de autor, jamás perseguiremos un afán económico en ello. No somos, por tanto, piratas. Por eso mismo, porque no perseguimos ganar dinero con el trabajo de otros, nos fastidia que los sinvergüenzas de una poderosa editorial que sí gana mucho dinero, con el objeto de vender y sacar beneficio no tengan rubor en copiar –sin citar el origen, y haciéndolos por tanto pasar como obra suya- los escritos de este pobre tonto con una tiza que no tuvo más remedio que fundar su propio blog porque cuando se acercaba a las demás webs los niños escondían el balón, las canicas, y los gusanitos.
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nota: -imagen1: portada original del videojuego El Secreto de La Isla de los Monos. En ella aparece Guybrush Threepwood, el mejor de los piratas.
-imagen2: edición de El Pirata, marzo de 2008.











































