sábado, septiembre 13, 2008

¿Duerme usted, Valdemar? (o El Poeta del Sueño).

Con cariño, a todos los que alguna vez han perdido su tiempo leyendo algo escrito por mí.








La mayor revolución del pensamiento humano –quizá sólo comparable a la aparición de la escritura hace miles de años, o, en menor medida, a la de la informática hace algunos cientos- la constituyeron todos aquellos minúsculos avances que, acumulándose como pequeños ladrillos, hicieron posible la construcción del descomunal edificio que a la postre alumbró una explicación admisible del cerebro humano.

Y aunque si bien es cierto que como dicen los poetas un halo de misterio envolverá para siempre al hombre, digamos que se ha visto reducido al mínimo – y aun estuvo a punto de apagarse- ese misterioso resplandor.

Podrán aducir que no todo lo que atañe al “alma” humana es predecible. Bien: pero se sabe por qué no puede serlo. La conciencia del hombre, la esencia misma de la voz que habla en todos los cerebros humanos, sean de la raza o sexo que sean, hayan nacido hoy o hace 40.000 años, ha sido formulada y objetivada. Ninguna de las risibles fantasías de los viejos mitógrafos como Freud resultó cierta.

¡Creíamos que habíamos atrapado al misterioso fantasma!. Pero hoy sabemos que la caja en la que lo encerramos estaba construida de frágil porcelana. Terminados los primeros instantes de falaz entusiasmo, somos hoy conscientes de casi todas las limitaciones. Salir del error ha vuelto a traernos la niebla de la incertidumbre. Con todo, mejor contemplar borrosamente la verdad, que observar con toda nitidez una mentira.

Mi nombre…no necesito repetirlo. Ha sido convertido en epónimo. Las principales universidades se honran con llamarse así.

Qué menos para el hombre que salvó a la humanidad

¡Salvar a la humanidad! En el siglo en el que el los ecos del cientificismo han llegado a todos los rincones del sistema solar, estremeciendo con su estruendo esta vieja Tierra hasta los mismos polos, usaron un concepto palmariamente religioso: “salvación”…

Salvación. ¡Ah, por Nuestra Conciencia, qué triste amargura, qué dolor lacerante, qué latir tan despiadado cuando hoy la venda cae de nuestros ojos para volver a ver, cara a cara, el horrendo espectro del infinito!

Al menos, me miento, les dimos esperanza… Pero no, ¡oh, Santo Dios, en el que creían nuestros antepasados, perdóname! ¿Qué es lo que he hecho? ¡He traído la condenación! ¡He condenado a la humanidad toda… y nada puedo hacer por advertirles!

En una población del Sector 3 del continente europeo nací y pasé mi infancia. Realicé mis estudios estándar en mi localidad natal. Más tarde me doctoré en Neurología de la Conciencia en cierta universidad europea que ahora ha tomado mi nefando nombre. Mi tesis (mis planes criminales puestos en papel diré mejor), se tituló Un Ensayo Sobre la Referencia en los Estados del Sueño.

La Referencia ( todos los niños de una escuela estándar lo saben) es el equivalente conciencial de la relatividad einsteiniana. Aunque, claro, no es lo mismo. No hay espacio en la conciencia. En la mente no hablamos de espacio-tiempo sino de un reflejo de aquél: el pulso-tiempo. Los pulsos concienciales son desde hace casi cien años las unidades mínimas de pensamiento. (¿por qué me repito esto como un papagayo? ¿con quién hablo?). Es un hecho conocido de antiguo que podemos tener sueños que al despertar nos han parecido muy largos, y que se han generado en nuestro cerebro en apenas unos segundos antes de despertarnos. Esto es patente en todas aquellas ensoñaciones en las que relacionamos el estímulo que nos despierta (por ejemplo la alarma de un reloj, o alguien que repite nuestro nombre), y nuestro cerebro acomoda ese estímulo a la coherencia del sueño, convirtiéndolo en un elemento del mismo. Además, antiguos experimentos demostraron que también podía darse el caso contrario: nuestro cerebro podía pasarse muchas horas en activas fases de sueño para imaginar en realidad una corta escena que apenas ocupaba tiempo conciencial.

Basándome en mis teorías (que algunos críticos desdeñaron, colgándome ese despectivo mote, “Poeta del Sueño”) y en el conocimiento que del cerebro se había alcanzado, diseñé mi famoso microchip. Un pequeño chip biónico externo, apenas visible, que la Organización de Sectores adoptó de forma entusiástica: todos los seres humanos habían de ser implantados en el instante mismo del nacimiento.

¡Cuántos parabienes! ¡Cuánta gloria! ¡Cuántos titulares grandiosos en las crónicas de la red! “El doctor P… ha salvado a la humanidad”. “El doctor P… ha vencido a la muerte”.

¡Salvar a la humanidad, vencer a la muerte…! Permitan que me ría de ellos, de ustedes. Permitan que escupa en sus estúpidas caras. Y en la mía también… Permitan que me arranque los ojos (ojalá pudiera hacerlo) y me ría también de mí…

Sí, el pulso-tiempo podía ser alterado. La última onda cerebral, la postrera, activaba el chip cerebral. Comenzaba la ensoñación eterna. Una diezmilésima de segundo de inducción convertía el último sueño en potencialmente infinito. Eterno. Millones de vidas para ser vividas en una sola. La eternidad verdadera, no la religiosa o poética. Es cierto que la gente se seguía muriendo… pero sus conciencias no. Los cuerpos eran desintegrados y se descomponían, pero las almas seguían vivas y existiendo en su último instante –ya pasado para nosotros-, para ellas tan real, eterno y tan halagüeño como podían ser los mejores sueños. el "hoy es siempre todavía" sustituido por el "hoy es siempre".

Ésa, claro, era la teoría… Porque las monedas, como las almas humanas, no tienen una sola cara. Sabíamos por los experimentos de pulso que el chip funcionaba, y que convertía en eternas las conciencias… Pero nunca pudimos imaginar que la inducción destruía las áreas espaciales y ciertas zonas implicadas en los recuerdos cognitivo/sensoriales.

Yo sí lo sé. Pero tarde. Muy tarde. ¡Cuando he creado un horrible mundo sin muerte en el que estoy atrapado, cuando he condenado a millones de almas inocentes a la más oscura negrura, a un sueño sin objetos, escenario, luz, ni otros seres con los que interactuar!. A un terrible Hades en el que ni cabe la distracción de la memoria, pues ni tus mismos recuerdos pueden ser formulados en imágenes. No hay dios en este mundo. No hay muerte que traiga alivio. Cada uno es su dios… y su infierno.

Soledad y negrura infinitas. Únicamente tú, completamente ciego, con tu dolor, la voz de tu conciencia repitiendo palabras, inventando fantasías que no pueden ser expresadas en imágenes pues has perdido esa capacidad…

Y en este pavoroso mundo que mi vanidad ha creado, mi imaginación repite desde hace mucho, como un estúpido sonsonete, una frase que acaso leí en algún cuento en mi infancia, y acaso digo una y otra vez como queriendo, creyendo escucharla:

-¿Duerme usted, Valdemar?. Valdemar, ¿duerme usted?

****
imágenes:
1. Cabeza de Perro, de Goya.
2. "Soledad", tomada de (pinchad sobre ella para saberlo)
3. tomada de aquí.

enlace: La Verdad sobre el Caso del Señor Valdemar, de Edgar Allan Poe

10 comentarios:

Coco Becerra dijo...

Además de Poe, unos cuantos "Creepy" -"Vampus" en sus buenos tiempos- también hemos leído, ¿no Imbelecio?

eva dijo...

Hola!!!!
Me ha encantado tu cuento!. Cómo lea esto Ridley Scott te lo puede copiar para su próxima película =)
Me ha parecido angustioso el final, también lo sería mucho si aunque pudieran tener imágenes, no pudieras controlar los sueños y soñaras sólo pesadillas. Pero no lo cambio por el tuyo ;).
Podrías animarte a hacer una pequeña novela con este argumento :).

Besoooo
Pd. Qué horripilantes eran los quejidos de Valdemar en la adaptación de Historias, ¿verdad?

M. Imbelecio Delatorre dijo...

hola!

-Coco: acabo de buscar eso de Creepy y Vampus. Me salen unos números en ebay. Las desconocía. Si son cómics, decirte que nunca leí otros que no fuesen la revista Mortadelo cuando niño, y El Jueves cuando adolescente. Y si son revistas tipo "amazing stories", nunca leí ninguna (¡pero creo que deben de estar chulas!). No, en ese cuento hay mucho Poe, algo de Leroux, ciencia ficción del cine, y un poquito de revista de divulgación científica... y luego esa noción de que el último sueño dura mucho, es una explicación poética de la muerte en la que no creo, que me inventé hace mucho y en la que no creo... pero que me pareció bonito inventarla. Gracias por perder tu tiempo leyéndolo.

yo en el terror empecé con HISTORIAS Y RELATOS en RNE, Stephen King luego por cierto hace un mes intenté volver a la magia de la adolescencia, leer una novela suya, Insomnia, y fui incapaz...), y luego, con 18, Poe, que es el que más me ha marcado. Más tarde Bécquer, Leroux y pocos más. saludos!

-Eva!: :) gracias, eva :D. la verdad es que pude haberme esmerado un poco más en el final.... pero me pongo a escribir a toda leche... así lo publico a veces, con faltas de ortografía y todo. ¡Sí!, esos quejidos son hechos por el propio Plans...

Abdul Ador dijo...

Perdonen que entre sin ser invitado. Vampus (en EEUU Creepy) eran cómics pero con unos guiones del corte del Amazing stories.

http://vagos.wamba.com/showthread.php?t=339882

Le dejo otra de tebeos, ya que creo le gustó The Dark Knight. Esto inspiró en parte Batman begins pero en papel es mucho mejor:

http://comicsvirtuales.blogspot.com/

M. Imbelecio Delatorre dijo...

¡hola, Abdul!


muuuuuchas gracias por los enlaces.

veo que eres un gran fan de los cómics. cosa que me parece estupenda. le debemos muuuucho a los cómics, incluso los que no leímos demasiados. porque su influencia en el cine es innegable. y en otros ámbitos.

Los friquis (en el mejor de los sentidos) son siempre bienvenidos a este cutre-blog. Gracias otra vez!.

Carlota dijo...

Un besuco, estupendo relato... me quedo con eso de que cada uno es su dios y su infierno... :)

Coco Becerra dijo...

Bueno, veo que el señor Ador se ha encargado del tema Vampus, (coincido con él, "Batman, año cero" de Miller y Mazucchelli es extraordinario). Disculpa si no hago repaso de lecturas, faena que tiene el añadido de que los géneros sean difíciles de delimitar, 1984 o La Metamorfosis me parecen relatos de horror...
Pero desde luego, si te va el corte Amazing, el rey es Roald Dahl, ya debes conocerlo; aunque no sea todo lo que haga, cuando quiere asusta como pocos.

M. Imbelecio Delatorre dijo...

hola!:

Carlota: gracias por todo. esa frase sólo tiene validez en el relato... en la vida real, uso la máxima de Sartre ("el infierno son los otros"; aunque en algunos casos somos nosotros mismos también :/ ) otro besazo para ti.

Coco: gracias por tus recomendaciones (¡mola mucho tener coleguillas cibernéticos de vuestro nivel!). de Roal Dahl quizá leí algún relatillo gracias a internet. pero sobre todo lo recuerdo porque su Charlie y la Fábrica de Chocolate es el primer libro que recuerdo haber leido. Pero, vamos, que está por descubrir

Por eso me quedo con vuestras recomendaciones, en cómics y literatura, que me parecen muy buenas.

Ñoco Le Bolo dijo...

¿Sabes algo de Tippler y el Punto Omega?
Hay otro punto Omega en Teilhard de Chardin.

¿Y yo? ¿Soy ya mi dios y mi infierno?

Despiérte usted Sr. Embelecio, comn E me gusta más.

M. Imbelecio Delatorre dijo...

hola,Ñoco.

pues la primera vez que oí hablar de Tippler... fue a ti, en otro cuento mío que también hablaba de la inmortalidad ("el último hombre muerto"). Sobre ese filósofo franchute, tampoco había oído hablar. acabo de leer artículos sobre él en la wikipedia. gracias, Ñoco!.

Cuanto más despierto estoy, menos me gusta, Ñoco, jeje

un abrazo