sábado, junio 09, 2007

El tío del tío del tío Gilito.

EL TÍO DEL TÍO DEL TÍO GILITO. DESCARGA DE AUDIO. MP3 (una vez en divshare, pinchad en DOWNLOAD ORIGINAL)

Mi padre era tan tacaño que una vez cada mes de mala gana metía la mano en el bolsillo y me daba un átomo -sí, sólo uno- de níquel. Y, aunque en aquella época un átomo de Ni 58 daba para más que ahora, no creáis que daba para mucho. Era casi tanto como nada. Recuerdo que solía decirme con un tonillo de reconvención:

- Ten, toma, aquí tienes… ¡Y no te lo gastes en cromo!.

Y es que me encantaba coleccionar átomos de cromo: ¡qué feliz fui cuando, recién cumplidos los diez años, completé al fin mi pequeño –mucho más que microscópico- álbum de 19 isótopos de cromo!

Pero hablaba de la tacañería de mi padre, y de cómo nos escatimaba hasta el hidrógeno.

-Pero Andrés – le decía mi madre –, si hay hidrógeno de sobra, ¡es el elemento más abundante del universo!.

A lo que le respondía mi padre:

-A mí no me importa lo que pasa en las otras casas ni en los demás planetas, galaxias, organismos, moléculas, y demás agregaciones de la materia: en mi casa me enseñaron a no desperdiciar nada. ¡He dicho que sólo habrá hoy un cuarto de mol de hidrógeno para cada uno, y no habrá ni un miligramo más!

Y no había forma de hacerle entrar en razón. Además, como suele ocurrir con este tipo de manías, fue, para colmo, acentuándose con la edad. Paréceme verlo ahora con su mantita raída y vieja, un día de diciembre (tenía, creo, 65 años entonces) en que prefería desintegrarse antes que gastar algo de carbono:

-Padre, se le están desintegrando los pies. Es pleno invierno. Fíjese que el carbono es imprescindible para la vida.
-¿Imprescindible para la vida? ¡Vaya con la que me sale éste! ¿Y eso quién lo ha dicho? Mi abuelo no usó carbono hasta bien cumplidos los cuarenta, y siempre le fue bien. Antiguamente se usaba silicio. Era más inestable y permitía menos enlaces… ¡pero el carbono era de señoritos!

Naturalmente, yo dudaba mucho de que el abuelo fuese una forma de vida basada en el silicio, pero con mi padre no se podía discutir.

Y su manía, digo, fue intensificándose con la edad. Unas semanas antes de dejarnos, le oí decir:

-El Sol… ¡vaya gasto más tonto! ¡Basta una hora al día; el resto debiera apagarse! ¡si de mi dependiera se iba a enterar este país de manirrotos!

Comprenderéis por qué yo ahora, después de haber visto cómo mi padre se consumía en su química mezquindad, no quiero tener más átomos que los que llevo conmigo; acaparo los menos posibles; empleo todos los que hagan falta en mis funciones biológicas (o cualquier otra cosa para lo que me fueren menester). Si una cosa tengo clara, amigos lectores, es que si el ahorro puede ser virtud, llevado al extremo es un vicio como tantos otros; y que cuando te mueres no te llevas nada contigo –ni un electrón, ni tan siquiera un quark...- de esta perra vida.

4 comentarios:

Sintagma in Blue dijo...

¿era gallego?

M. Imbelecio Delatorre dijo...

Hola, sintagmi. no sabía que los gallegos tenían fama de escoceses. pero ahora que lo dices, sus gaitas se parecen. y sus acantilados.

:) una sonri.

carlota dijo...

totalmente de acuerdo con usted: todo con moderación...acumular materia, para qué? y lo malo es que dichas personas se pierden de disfrutar de la vida, de lo poco o mucho bueno (depende del cristal, o momento en que miremos) que tiene. Un abrazo, y buen fin de semana.

M. Imbelecio Delatorre dijo...

=) Carlota: no soy yo el que hablo en el cuentín ese de humor... Creo que no estás acostumbrada a los relatos en primera persona, que creo que es la forma literaria más bonita de contar las cosas (porque el narrador te es más cercano), pero ese narrador NO es el autor, sino un personaje más del relato...

Hay un tipo de mezquindad (que no es mezquindad sino generosidad), que no supieron retratar ni Galdós, ni Dickens, ni Balzac... ni todos los que retrataron usureros y tacaños... y sin embargo es la más usual... (tampoco está en ese relato): la de los padres/abuelos, etcétera que malviven para acumular riquezas para que sus descendientes (que la mayoría de las veces no se las merecen) las disfruten. eso es un poco injusto, porque, si esos hijos ya tienen la vida encauzada, no les hacen falta para nada, y los otros están malviviendo para nada.

Pues hay mucho de eso. gente ahorrativa que vive mal pudiendo vivir más cómodamente o dándose más alegrías... no por el hecho de acumular dinero sin más (como hacen los usureros y los judíos de las novelas) sino por amor a sus hijos, porque los hijos y nietos tengan una vida mejor en el futuro... Y hacen eso sin darse cuenta de que sus pocos ahorros no representan algo significativo para sus hijos (un pellizco simplemente), y sin embargo, si ellos se pusieran una calefacción mejor, una tele nueva, o se dieran un viaje a Canarias, serían más felices. Son felices padeciendo y malviviendo porque tienen el secreto placer de pensar que gracias a eso sus seres queridos van a vivir mejor cuando se mueran...

a mí me parece bonito que se sacrifiquen así, pero triste, y la mayoría de las veces no procede hacerlo.

un beso.