lunes, diciembre 08, 2008

Adenina Hall

Uracilo Weismann vivía un apacible matrimonio con su esposa, Adenina Hall, en un piso de Manhattan. Se conocían desde hace muchos años, tenían inquietudes parecidas, similares aficiones. Era una pareja feliz, parecida por tanto a los demás matrimonios felices, como dice Tolstoi.





Un día se mudaron al piso de al lado de los Weismann dos vecinas, jóvenes y hermosas; cultas e inteligentes, no ocultaban su moderna concepción de la vida. Citosina era rubia, voluptuosa, de sublimes labios carnosos ; muy parecida, en fin, a la Johansson (si se me permite el paralelismo entre seres humanos y bases nitrogenadas). Guanina era una pelirroja tímida y discreta, de esas bellezas que no llaman demasiado la atención pero que poco a poco van hiriendo el alma del que acierta a descubrirlas hasta hacerla caer rendida de devoción.

Estas dos jóvenes amantes deslumbraron a los Weissman en una cena en la que el maduro matrimonio hizo de anfitrión. Recién salidas de la universidad, bullendo en sus hermosas cabecitas sueños, proyectos e ideas, trajeron con su animada charla a casa de Adenina y Uracilo cierta ilusión perdida por la novedad y el futuro, una efervescencia ya desaparecida en el viejo matrimonio, y que acaso sólo se encuentra en el joven pagado de sí mismo que radiante de felicidad busca la Verdad o la Belleza.

Las ideas nuevas (o antiguas pero reformuladas con gracia), la belleza deslumbrante, casi cegadora, de aquellas dos moléculas, acabaron por perturbar la vida de los Weismann; especialmente afectaron a Uracilo.

Así fue que quiso imitarlas en todo: en las lecturas, en el estilo de vida, en el tipo de cine que veían, en sus puentes de hidrógeno...

No extrañará pues que cuando ellas dijeron que se mudaban a un lugar mejor, que abandonaban aquella caduca bacteria Manhattan para irse a una ciudad del continente Eucarionte, a Uracilo le entrase la comezón de seguirlas allí donde fuesen. ¡Cerca de aquellas dos diosas se sentía tan bien, tan joven! ¿Y su mujer? Adenina no quería el cambio, parecía más anticuada, era completamente aversa a la novedad; a regañadientes concedía pequeños avances.

-Vamos, mujer, deja atrás esos miedos, hay que evolucionar. De lo contrario acabaremos siendo un matrimonio completamente anclado en el pasado... Y como nunca hemos tenido aminoácidos (hijos), podemos hacer ese viaje. No tenemos ataduras. Hagamos cosas nuevas. Eucarionte nos espera con todas sus maravillas, con su moderna concepción de la sociedad, con...

Y así fue que Adenina , también esta vez a regañadientes, acabó suspirando y diciendo: “está bien, hagámoslo entonces, hagamos lo que quieras, vayámonos, pero yo creo que sería mejor que…”

Llegaron a Eucarionte y se establecieron en una populosa ciudad de cierto núcleo celular. ¡Qué arquitectura novedosa, qué orden, qué población más amable, inteligente y educada! Uracilo se maravillaba,:

-¿Cómo pudimos estar tanto tiempo en aquella arcaica Bacteria de Manhattan? ¡Esto es la novedad… aquello era bonito, qué duda cabe, pero… tan… tan aburrido…!.

Eso mismo iba pensando mientras regresaba a casa tras ver una vieja película en un antiguo cine de aquella nueva ciudad que tanto le gustaba. Llegó a casa un rato antes porque finalmente proyectaron Perdición en vez de Lo Que el Viento Se Llevó.

Encontró a su esposa Adenina fundida en apasionado abrazo con Timina, una joven nativa de la nueva ciudad.

Uracilo se encontró de golpe desplazado, solo y triste.

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9 comentarios:

Manuel Machuca dijo...

buff... esto va en decadencia... demasiado rebuscado, encorsetado, rígido, inaccesible. yo de ti me dedicaba en cuerpo y alma al Partido Onanista de las Tierras Cántabras, y dejaba las Gilichorradas hasta que surgieran ideas nuevas...

José Manuel Torres dijo...

Sin comentarios para Manuel Machuca...

M. Imbelecio Delatorre dijo...

hola: José Manuel, no te enfades: Manuel y yo somos viejos amigos y nos permitimos ser el uno con el otro crudamente sinceros.
Un saludo a los dos.

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“¡¡muerte, muerte, destrucción, asesinatos masivos a los que no piensen como yo, violencia, muerte, sangre, vísceras, niños muertos; ningún foráneo es inocente: abajo la democracia y la libertad, viva la dictadura; muerte, muerte!!”
-¿señor T… , qué quiso decir usted en esas palabras que acabamos de escuchar en la grabación?
-Para empezar se han sacado de contexto muchas cosas de las que se dicen. Esas palabras que reproduce la grabación no son exactamente las que dije ni en el tono en que las dije… Ya se sabe que los modernos reproductores mp3 quitan y ponen palabras donde les da la gana. Además hablaba metafóricamente, una forma de hablar que se ha perdido … y es una pena porque uno es un poeta muy grande y es complicado que por ello no le entiendan a uno...
-¿y qué quería decir con esas “metáforas”? (para los que no entendemos de poesía).
-Hombre, claramente idealizaba una forma de pensar apegada a valores sublimes. Trataba de transmitir mediante palabras mis altos ideales de libertad, concordia y modernidad. Paz sobre todo. Y nunca violencia.
-¿y lo de quemar libros como hacían los nazis o la Inquisición?
-Eso es también una metáfora… No quemamos libros realmente… O sea, los quemamos, pero queriendo significar otra cosa… En realidad quemamos ejemplares de una Constitución de un país libre y democrático para significar que queremos ser libres y democráticos y que odiamos toda dictadura y falta de derechos. Y el fuego, como se sabe, es símbolo de paz y amor en ese contexto.
-Queda aclarado, pues. Es usted un poeta incomprendido.
- Es la cruz que tengo, sí. ¡¡MUERTE, MUERTE, le mataría a usted, le quemaría en una hoguera, cortaría su asquerosa garganta con una hoz, le sacaría las vísceras y se las echaría a los perros; a usted y a todos los que no piensan como yo, a todos los pérfidos foráneos invasores, muerte, muerteeee!!
-Pero, ¿por qué me grita usted eso? ¡parece que se le salgan los ojos de las órbitas… y le salen espumarajos de la boca…!
-Ah, jeje… sí… , bueno… es mi forma de decirle metafóricamente que le tengo mucho cariño a usted y a todos los que oyen su programa.

Eme dijo...

ains, pobre señor de las gafas. Ahora quien sabe si su mujer y la nueva le hubieran acogido entre sus brazos, que yo creo que se deprimió antes de tiempo... por otro lado también tenía la opción de irse al pisito de sus ex-vecinas, que aunque no le hicieran mucho caso al fin y al cabo ya el hecho de hacerle sentirse bien sería suficiente, y más con la pelirroja esa descrita de forma tan bonita. Besucos :)

Ñoco Le Bolo dijo...

Una bonita historia de amor en el marco de una doble hélice. Y así comenzó la vida, con unos desvaríos que si DNA que si RNA y carreras por pistas de alta velocidad.
Cuidado.... nos vamos a estrellar.

Castos saludos Sr. Embelecio.
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M. Imbelecio Delatorre dijo...

hola, Eme y Ñoco (¡qué bonita pareja!).

yo creo que el woody allen hizo mal al perseguir algo que no le correspondía. y, como Ñoco apunta, no hay sitio para los uracilos en el ADN. ¡que se hubiera quedado en su bacteria... !

Ñoco Le Bolo dijo...

Comento aquí dado que usted no me permite comentar allí...

Pues un fóbico social es aquel que no tiene ni ganas de enseñar la lengua para que nadie vea que está llena de púas.
Una sociedad fóbica es aquella que siempre anda buscando las púas en uno que tiene la lengua de trapo.

Bueno, me voy a tapar las púas con trapos para disimular un poco.

Saludos y tres
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Martín G. Ramis dijo...

muy intresante lo que escribes.
felices fiestas.

M. Imbelecio Delatorre dijo...

Muuuchas gracias, Martín.

:) felices fiestas para ti también.