domingo, febrero 11, 2007

La muerte de "Fígaro".


"La juventud española ama a Larra cada vez más" José Martínez Ruiz, Azorín.

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Una nube sombría lo envolvió todo. Era la noche. El frío de la noche helaba mis venas. Quise salir violentamente del horrible cementerio. Quise refugiarme en mi propio corazón, lleno no ha mucho de vida, de ilusiones, de deseos.


¡Santo cielo! También otro cementerio. Mi corazón no es más que otro sepulcro. ¿Qué dice? Leamos.

¿Quién ha muerto en él? ¡Espantoso letrero! ¡Aquí yace la esperanza!

¡Silencio, silencio!

(Larra, El día de Difuntos de 1836. Fígaro en el cementerio.)

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Hace 170 años, el 13 de febrero de 1837, antes de las ocho de la tarde, muere en el despacho de su domicilio (calle Santa Clara, número 3 de Madrid) el gran Fígaro. Acababan de marcharse dos mujeres con las que había mantenido una acalorada discusión. Una de ellas era, al parecer, su amante, Dolores Armijo, una mujer casada de la que Mariano José estaba profundamente enamorado. La Armijo habría puesto fin aquel día a la adúltera relación. Tras unos minutos de encendida riña, Larra da orden a su criado asturiano para que las acompañe. Nada más marcharse las dos damas, la criada de Larra oye un ruido confuso que proviene de la habitación del escritor. Entró luego el sirviente con la hija de Larra (tenía tres hijos, un niño y dos niñas) a dar las buenas noches a su padre, y hallaron su cuerpo tendido en medio de la habitación, exánime. Se había disparado en la sien derecha.

Fígaro había visitado aquella mañana al también escritor costumbrista Mesonero Romanos y le habló, con cierta ilusión a pesar de su perenne escepticismo, de un proyecto de drama que tiene bosquejado y en el que iba a poner en escena a su admirado Francisco de Quevedo.

A pesar de haberse suicidado, Fígaro fue finalmente enterrado por la iglesia (bien se sabe que no hace mucho a la pena de los familiares de los suicidas, a la tragedia que toda muerte supone, se sumaba el rechazo social instigado desde la Iglesia y que se concretaba en la oprobiosa negación del último sacramento), merced a la presión que sus poderosos amigos hicieron a la jerarquía eclesiástica.

El espejo de periodistas y articulistas fue enterrado en el cementerio de Fuencarral en una despedida en la que se reunieron los ingenios de las letras españolas y en la que se daría a conocer, recitando una brillante elegía, un joven de tan sólo veinte años.

Siete años más tarde se derriba el camposanto de Fuencarral y se trasladan los restos del escritor al de San Nicolás.

Durante más de cincuenta años Mariano José de Larra permaneció prácticamente en el olvido; hasta que Azorín y otros escritores de la generación del 98, en sus inquietudes y honda preocupación por el rumbo de España, tomaron la obra del romántico como símbolo, como inspiración de las suyas. Cuenta uno de los descendientes directos de Fígaro, Jesús Miranda de Larra, en su artículo Larra y el 98:

"El 13 de febrero de 1901, Azorín y un grupo de amigos de la denominada generación del 98, vestidos de luto y cubiertos con sombrero de copa, bajaron por la calle de Alcalá desde la Puerta del Sol, en dirección a Atocha. Se dirigieron al cementerio donde reposaba Fígaro y, tras depositar ramitos de violeta. Azorín leyó un discurso de homenaje al maestro. Además de Martínez Ruiz, participaron Ignacio Alberdi, Camilo Barquieta, Pío y Ricardo Baroja, José Fuixá y Antonio Gil.

En 1902 se produce el último traslado de los restos de Larra, al ser llevado, junto con los de otros románticos como Espronceda, al Panteón de Hombres Ilustres del cementerio de San Justo, donde reposan actualmente.
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A continuación transcribo la necrológica a Fígaro en el periódico El Español, el 15 de febrero de 1837:

No es la única desgracia que acabamos de lamentar. Anteanoche ha tenido fin la existencia de otro amigo nuestro, colaborador también en este periódico, D. Mariano José de Larra. Quizá no haya persona de las que pertenecen á la España ilustrada que no conozcan este nombre, quizá no haya uno que conociera bien al sujeto que lo llevaba.

Fígaro, el escritor que hacía asomar la risa á los labios de todos, el que se burlaba de cuanto el mundo admira y aplaude, no reía.

Fígaro tenía un talento demasiado claro, un alma demasiado noble para no llorar, y lloraba de continuo, y cada uno de esos artículos que el público lee con carcajadas, eran otros tantos gemidos de desesperación que lanzaba á una sociedad corrompida y estúpida que no sabía comprenderle.

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Enlaces:
-Proyecto Mariano José de Larra.
-Audio de algunos artículos de Larra.
-Portal sobre Fígaro en cervantesvirtual.

Imágenes: 1- retrato de Fígaro. 2- placa conmemorativa en el que fue su domicilio, en la calle Santa Clara de Madrid. 3.- sala Larra del Museo Romántico, Madrid.

4 comentarios:

Sintagma in Blue dijo...

Ay, el desamor...

(con lo vaga q soy yo para los post, mi admiración a los que curráis. De mayor quiero ser como vosotros)

M. Imbelecio Delatorre dijo...

:D jaja, gracias por tu visita, galleguiña? catalana? galleguiña/catalana?

David dijo...

Gracias por tu visita. El texto es de Ramón Gómez de la Serna.
Buen día el 13 de febrero: Larra se muere y yo cumplo años
Saludos

M. Imbelecio Delatorre dijo...

gracias David a ti por la tuya (por cierto, no recuerdo cuál era tu página).

Aunque con retraso, feliz cumple entonces :)

una sonrisa.