chorradas dichas por alguien que no tiene ni idea de nada ni nada que decir, y que sin embargo escribe y dice cosas... (vamos, como el 99% de la gente con blog)
:( En este día triste os dejo este fragmento de un poema muy bonito . Un saludo.
¡Chacales que el chacal rechazaría, piedras que el cardo secomordería escupiendo, víboras que las víboras odiarían! ¡Frente a vosotros he visto la sangre de España levantarsepara ahogaros en una sola ola de orgullo y de cuchillos!
Generales traidores: mirad mi casa muerta, mirad España rota: pero de cada casa muerta sale metal ardiendo en vez de flores, pero de cada hueco de España sale España, pero de cada niño muerto sale un fusil con ojos, pero de cada crimen nacen balas que os hallarán un día el sitio del corazón.
Pablo Neruda (1904-1973), fragmento de Explico Algunas Cosas (de su libro de poemas De España En El Corazón,1937)
Hay muchas películas españolas de los años 30, 40 y 50 realmente buenas, verdaderos clásicos, que pueden aportarnos mucho (por ejemplo una inteligente historia inmejorablemente contada, hora y media de explosivas y saludables carcajadas) y que son, lamentablemente, desconocidas por el cinéfilo de hoy.
Sí, porque, ya lo hemos dicho más veces en estas páginas. Quizá gracias a los zafios programas de cine español en la televisión pública en los últimos años– el de Parada y el de la Guillén Cuervo- hay una tendencia a pensar que el cine español de antes de los ochenta, o era tosquedad pura (60`s y 70`s, y ahí, salvo excepciones, puede que tengan razón los que así piensan *escalofrío*), o eran pura propaganda fascista(40`s y 50`s ).
Tranquilo, lector amigo, visitante anónimo de esta página, no vamos a romper una lanza a favor del landismo, ni de Ozores, Escrivá, Lazaga, y compañía… Vamos a recomendarte en cambio tres desconocidas joyitas de nuestro cine que creemos que merecen la pena ser vistas y revistas, y sacadas del limbo del olvido al que han sido tan injustamente relegadas por las generaciones precedentes.
*Dos Cuentos Para Dos (Luis Lucía, 1947) Ayer mismo vimos esta película, y nos sorprendió tan gratamente, que ella es en gran parte la culpable de que estemos escribiendo estas líneas. Qué lujo encontrarse con inteligentes comedias como ésta en tiempos en tiempos de Torrente, Isi Disi y burdos hermanos Farrely. Pero qué contrariedad cuando visito su página en IMDB y veo que ni siquiera 5 miembros de la más grande base de datos de cine de toda la red han visto la película. Tony Leblanc (en la mejor cinta que ha protagonizado) es Jorge, un tímido con mucho miedo a la vida que deberá aprender a sobreponerse a su pusilanimidad…. Pero no, no quiero contaros nada del argumento; no debo: sería injusto. Que os sorprenda, como me sorprendió a mí, esta adorable comedia romántica (hay paridas que harán que tengáis que cogeros la barriga al carcajear para que no se os desprendan las falorcias), con elementos de cuento de hadas, sin un ápice de propaganda franquista, y llena de buenos sentimientos.
*El Ceniciento (Juan Lladó, 1955). Desde que vi en una madrugada de insomnio esta película escrita y protagonizada por el gran Miguel Gila, he estado sin éxito intentando conseguirla, y conseguir también El Hombre Que Viajaba Despacito, que va de un soldado que vuelve, en tanque, de la famosa guerra de Gila. Ha de ser tronchante. El Ceniciento lo es. El mismo título nos dice por dónde van los tiros. Gila es Felipe, el bastante simplón empleado de una cafetería que anda enamoriscado de una cliente muy guapa y de clase superior a la suya. La cliente y sus amigos embroman al pobre Felipe haciéndole creer que ella también está por él. Desde entonces el soñador de Felipe sólo piensa en casarse con su amada. Los chistes son realmente buenos (“-Felipe, está abajo esperándote Rosa… -Dígale que no se case, que bajo ahora…”) y Gila como actor es, en El Ceniciento, realmente cómico (y versátil: ya le habíamos visto, haciendo de pillo, en Mi Tío Jacinto). Lo dicho, una comedia notable que os sorprenderá, os hará pasar un buen rato, y os dejará el agradable regusto que dejan las cosas bien hechas. *La Vida en un Hilo (Edgar Neville, 1945) Es esta una comedia fantástica realmente deliciosa, fresca, aun no superada, escrita y dirigida por uno de los genios de nuestro cine. Conchita Montes es Mercedes, una viudita que coincide en un tren con una adivina que le predice no el futuro, sino el pasado. Le cuenta su vida cómo pudo haber sido si en tal momento de su pasado hubiese tomado aquella pequeña decisión y no esta otra (es la idea del film de los ochenta Un Destino de Ida y Vuelta) .
“Todos llevamos dentro dos vidas… la que vivimos y la que podríamos haber vivido.”. Esta película –una de las mejores del cine español, no tengo ninguna duda– cuenta con una versión de los noventa que aun no he visto, (Una Mujer Bajo la Lluvia, Gerardo Vera, 1992). Y también ha sido plagiada por los yanquis. Al parecer una versión apócrifa (sin reconocer que está claramente inspirada en la de Neville) es la protagonizada por la Palthrow, Dos Vidas En Un Instante( Sliding Doors, Peter Howitt, 1998). Tampoco he visto esa versión. Pero creo que, aunque la vea, me quedo con la original. Y vosotros, cuando la veáis, también.
***** notas: imágenes. 1, portada de DOS CUENTOS PARA DOS; 2. portada y contraportada de EL HOMBRE QUE VIAJABA DESPACITO (no encontré la de EL CENICIENTO en la red), 3. Conchita Montes y Rafael Durán en un fotograma de LA VIDA EN UN HILO.
Ciento setenta años se cumplen hoy de aquella nochebuena de 1836 de la que Larra nos habla en su sublime artículo (publicado el 26 de diciembre en El Redactor General), en cuyas amargas líneas pone en boca de su criado “la verdad” (los desengaños, las amarguras de la vida); verdades que el sirviente asturiano poseído por el alcohol espetaba a su amo, zahiriéndole como si más que palabras le clavase afilados y emponzoñados cuchillos. Ese artículo –cuyas últimas líneas me recuerdan el desesperanzado final de El Cuervo de Poe -, habla como ningún otro de las otras navidades, quizá tristemente más habituales que las alegres de anuncios y teleseries, aunque ocultas tras éstas, siempre más chillonas; nos referimos a las navidades del melancólico, las del desilusionado, las del que no encuentra motivo para el regocijo en el mero (y arbitrario) hecho de alcanzar cierta fecha en el calendario.
Tanta pesadumbre, tanto disgusto, tantas ilusiones muertas se concentran en las palabras del magistral artículo, que uno imagina que Fígaro, al ser tan duro con la sociedad ( y, sobre todo, consigo mismo), intentaba sin éxito conjurar su propia melancolía al escribir tan sinceramente sobre ella, buscando un lenitivo como el que equivocadamente se buscaba al sangrar a los enfermos para eliminar los malos humores.
En dicho escrito, habla por la pluma del joven periodista el Desencanto. Y tan funesto espíritu ya le poseía enteramente, preludiando lo que vendría mes y pico después.
El 22 de diciembre de 1870 a las diez de la mañana, hace 136 años, y cuando tenía tan solo 34, moría en Madrid Gustavo Adolfo Domínguez Insausti y Bastida, Gustavo Adolfo Bécquer. (Bécquer -originalmente Becker- era el apelativo con el que eran conocidos los de la familia de su padre, venidos de Flandes y establecidos en Sevilla a principios del siglo XVII).
El poeta arrastraba una enfermedad crónica grave desde hacía doce años, 1858, cuando las primeras manifestaciones de la misma casi le llevan a la tumba. Dos meses estuvo entonces postrado en cama y tardó mucho en recuperarse; cuando finalmente tuvo fuerzas para salir del lecho “parecía un cadáver”, según refiere Julio Nombela, uno de sus amigos.
Quizá la enfermedad era tuberculosis. O puede que un mal venéreo. El propio Bécquer parece considerarlo así. En su Libro de los Gorriones (un grueso libro destinado a hacer anotaciones de contabilidad que le había regalado un amigo, y en cuyas páginas Bécquer, tras bautizarlo de ese modo, escribió sus poemas, ideas y pensamientos), había una rima que el mismo autor tachó pero que fue recuperada más tarde. Su versión más aceptada, dice:
Una mujer me ha envenenado el alma, otra mujer me ha envenenado el cuerpo; ninguna de las dos vino a buscarme, yo de ninguna de las dos me quejo.
Como el mundo es redondo, el mundo rueda; si mañana, rodando, este veneno envenena a su vez ¿por qué acusarme? ¿Puedo dar más de lo que a mí me dieron?
Pero antes incluso de infectarse de la terrible enfermedad que tantos padecimientos le causaría, Bécquer tenía el lúgubre convencimiento de que moriría joven, como su padre, como muchos otros familiares.
Su hermano Valeriano (que había nacido en 1833), uno de sus seres más queridos, muere el 23 de septiembre de 1870. Desde aquella fatídica fecha, una lóbrega nube oscurecerá ya siempre el horizonte de la vida de Gustavo Adolfo hasta su muerte, tres meses después.
Aquel 22 de diciembre, antes de morir, el poeta quemó unas cartas y dijo, según la Iglesia: “acordaos de mis niños”. Su amigo, el periodista cubano-español Ramón Rodríguez Correa (1840-1894), refiere: "Llegó por fin el fatal instante y, pronunciando claramente sus labios trémulos las palabras: Todo mortal…, voló a su creador aquella alma..."
El cielo, cubierto de sombrías nubes aquella triste mañana de jueves, se oscurecería aun más al producirse, menos de una hora después de su muerte, un eclipse de Sol. Fácil es encontrar en esa mera casualidad una relación entre los dos hechos sólo válida poéticamente: la naturaleza, entristecida por la muerte de quien tan bien le había cantado, enlutábase y lloraba de pena. ***** notas:
FUENTES: -Francisco López Estrada y María Teresa Lópes García-Berdoy, en el prólogo a la edición de las Rimas para la Austral de Espasa, 1993. -programa HISTORIAS de RNE.
imágenes: 1 -caricatura de Bécquer, realizada por Yayo, en la pared de mi habitación. 2 -retrato de Bécquer en la última etapa de su vida. 3 -dibujo de José Casado del Alisal (1832-1886), Cabeza Yacente de Gustavo Adolfo Bécquer.
"Hay dos clases de navidades: las de la infancia (o navidades por antonomasia) y las de la adultez. Las segundas tienen la cualidad de replicarse: como han perdido todo el elemento mágico, no hay nada que las diferencie, son cada año la misma navidad. Todo se repite: los mismos adornos en las casas, los mismos alumbrados en las calles, el mismo desmedido consumismo, esa misma indescriptible melancolía que hay en las tardes de los domingos del resto del año, los mismos banquetes en los que embutimos hasta la dispepsia, el mismo perezoso embotamiento invernal ocasionado quizá por el exceso de azúcar de dichas comilonas... Se parecen tanto unas navidades a otras, que apenas somos capaces de recordar algo de un año en concreto...; todas se funden en una misma, intemporal."
Estas tonterías y otras parecidas iba pensando mientras embobado (mi estado natural, por cierto) paseaba por la calle, la cabeza gacha, siguiendo distraídamente con la vista el dibujo de las baldosas de la acera, cuando una cercana voz amplificada por un estridente altavoz hizo que perdiera el hilo, la aguja, y hasta el ovillo de mi interior soliloquio. Al instante veo pasar a mi lado un pequeño pero extravagante vehículo de tres ruedas tripulado por dos individuos, un antiguo motocarro lleno de ornamentos de Navidad. El que más llamaba la atención era una estrella más larga que todo él colocada longitudinalmente y sustentada por una pequeña estructura que dispuesta para tal fin salía de la exigua carrocería. Poco tiempo tuve de seguir observando tan inopinada aparición, pronto dobló la esquina y desapareció calle abajo con un confuso murmullo de ecos eléctricos.
La amplificada voz, proferida por uno de los dos ocupantes del motocarro, en la que aprecié no sé qué gracioso y teatral deje que se me antojó insólitamente familiar, iba diciendo:
"...Necesitamos el concurso de todos, de pobres y de ricos, porque para la caridad no hay fronteras. Toda la ciudad debe sumarse a nuestra campaña “Cene Con un Pobre”. Que por una noche seamos todos hermanos; que por una noche los duros de corazón sean generosos; que por una noche cenen los pobres..."
De lo último que oí me pareció entender que decía que "las ollas a vapor cocinex son las mejores del mundo..."
Y luego he venido de la calle con paso algo apurado, he entrado en casa y, tras despojarme rápidamente de cazadora, guantes y bufanda, sin tan siquiera echar la meadita de rigor, me he puesto a contaros tan extraña aparición.
Hace hoy exactamente cien años, el 10 de diciembre de 1906, recibía Santiago Ramón y Cajal en Estocolmo junto con el citólogo italiano Camillo Golgi el premio nobel de Fisiología y Medicina. Lo recordamos hoy aquí con estas hermosas palabras extraídas de sus Charlas de Café (1921):
"Puesto que vivimos en pleno misterio, luchando contra fuerzas desconocidas, tratemos en lo posible de esclarecerlo. No nos desaliente la consideración de la pobreza de nuestro esfuerzo ante los magnos e innumerables problemas de la vida. Concluida la ardua labor, seremos olvidados, como la semilla en el surco; pero algo nos consolará el considerar que nuestros descendientes nos deberán parte de su dicha y que, gracias a nuestras iniciativas, el mundo, es decir, aquella minúscula parte de la Naturaleza, objeto de nuestros afanes, resultará un poco más agradable e inteligible”.
Como las reales son inalcanzables para los tipos con chepa y halitosis, una vez decidí echarme novia imaginaria. Era perfecta: voz dulcísona, piel de alabastro, ensortijados cabellos negros, hipnóticos ojos oscuros, sonrisa encantadora, formas increíbles, inteligente, educada, culta, modesta y buena.
Era la más perfecta creación de mi anhelante imaginación... salvo por una cosa: era mujer.
Un palíndromo es una palabra o frase que se lee igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda. Es una palabra ( o frase) capicúa. (capicúa es lo mismo pero aplicado a números en lugar de a letras)
Ejemplos de palíndromos: Ana, Otto, rotor, somos o no somos, Adán no calla con nada…
Un “palíndromo político” es un concepto o ideal que, en democracia, debería verse exactamente igual desde la derecha y desde la izquierda (desde cualquier ideología).
Libertad, paz, Ley, justicia, democracia, igualdad, ciencia, Estado, derechos humanos, Constitución, verdad, ciudadano,… son algunos ejemplos de “palíndromos políticos”.
En otros países donde la democracia es más madura son más fáciles de ver estos ejemplos. En España, en cambio, muchos de esos conceptos ideales no coinciden dependiendo de si se leen desde la derecha o desde la izquierda. No cumplen la definición. Y eso es un handicap de nuestra joven democracia. Y no pequeño.
Aunque con algo de adelanto, feliz día de la Constitución.
nota: imagen, Alegoría de la Constitución de 1812, de Francisco de Goya. Museo de Estocolmo.