martes, octubre 24, 2006

dos gracias de Juan Valera.

Para relajar un poco, y como parece que hoy ya apenas nos tocan las narices los martínezelfacha esos tan valentones -cada uno más asturiano que el resto de asturianos juntos- de la llingua de cursillo (hoy sólo cinco cartitas bomba de nada :P ) , volvemos a la normalidad; seguimos con las gilichorradas de siempre, las que no llevan CFCs ni ftalatos, señora. Publicamos dos chistes otoñales del autor de Pepita Jiménez , Juan Valera (1824-1905). A ver si os hacen sonreír. =) un saludo.

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LAS CASTAÑAS.

El día de difuntos salió muy de mañana a misa una linda beata que la noche anterior, según es costumbre la noche de todos los santos, se había regalado comiendo puches[1] con miel y muchas castañas cocidas. Como era muy temprano y apenas clareaba el día, la calle por donde iba la beata estaba muy sola. Así es que ella, sin reprimirse, con el más libre desahogo, y hasta con cierta delectación, lanzaba suspiros traidores y retumbantes, y cada vez que lanzaba uno decía sonriendo: “¡toma castañas!”. Proseguía caminando, soltaba otros suspiros, y exclamaba siempre: “¡las castañas…, las castañas!”.

Un caballero muy prendado de la beata solía seguirla, hacerse el encontradizo, oír misa dónde y cuándo ella la oía, y hasta darle agua bendita al entrar en la iglesia para tener el gusto de tocar sus dedos. Iba aquel día el caballero tan silencioso y con pasos tan tácitos detrás de la beata, que ella no le vio ni sospechó que viniese detrás hasta que volvió la cara poco antes de entrar en el templo.

- ¿Hace mucho tiempo que viene usted detrás de mí? – dijo muy sonrojada la linda beata.

Y contestó el caballero:

- Señorita,…desde la primera castaña.

MILAGRO DE LA DIALÉCTICA.

De vuelta a un lugar, cierto joven estudiante muy atiborrado de doctrina quiso lucirse mientras almorzaba con su padre y su madre. De un par de huevos pasados por agua que había en un plato, escondió uno con ligereza; luego preguntó a su padre: “¿Cuántos huevos hay en el plato?”. El padre contestó: “Uno”. El estudiante puso en el plato el otro que tenía en la mano diciendo: “¿Y ahora, cuántos hay?”. El padre volvió a contestar: “Dos”.

-Pues entonces- replicó el estudiante-, uno que había antes y dos que hay ahora suman tres; luego son tres los huevos que hay en el plato.

El padre se maravilló mucho del saber de su hijo, se quedó atortolado y no atinó a desenredarse del sofisma: el sentido de la vista le persuadía de que ahí no había más que dos huevos, pero la dialéctica especulativa y profunda le inclinaba a afirmar que había tres.

La madre decidió al fin la cuestión prácticamente. Puso un huevo en el plato de su marido para que se lo comiera, tomó otro huevo para ella y dijo a su sabio vástago: “El tercero cómetelo tú.”.



[1] Puches: gachas (cocido de harina con agua y sal, que se puede aderezar con leche, miel u otro aliño.)


(fuente: programa HISTORIAS, RNE).

2 comentarios:

Germán dijo...

Eso sí es filodofía y lo demás chorradas jaja

PD: No sé que pasa que me pongo a firmar y no me reconoce como "blogger"

M. Imbelecio Delatorre dijo...

igual es que te pasaste al blogger beta y te registras por el blogger antiguo?

:) jaja, acias por tu comentario.