domingo, julio 26, 2009

Algunas claves sobre “El Ataque de los Hombres Invisibles”

A Eva, que le gustan mucho estas tonteridas.
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Pocos sucesos han conmovido a los países de la Europa hasta sus mismas raíces como lo hizo el conocido como "Ataque de los Hombres Invisibles". Algunos observadores aseguran que tan sólo la reciente Gran Guerra o las Guerras Napoleónicas (o acaso las religiosas del siglo XVII) provocaron tanta violencia e inquietud en los países civilizados de la Tierra; con una pequeña salvedad: las conquistas del Ogro de Europa y las batallas de la Guerra de Trincheras sembraron los campos europeos con centenares de miles de muertos, en claro contraste con el caso que nos ocupa en el que las víctimas ascienden oficialmente a tan solo dieciséis.

1. El Asesinato del juez Maillet.

El 5 de diciembre de 1909 las agencias periodísticas del Viejo Continente se hacían eco de un caso que estremecía a toda Francia. El juez Pierre-Alphonse Maillet, miembro del Consejo de Estado, poseedor de la Medalla de Oficial de la Legión de Honor, autor dramático de cierto éxito e integrante de las principales Academias francesas, había sido cruelmente asesinado.
Su cadáver había sido encontrado en el gabinete de estudio de su vivienda de la calle de San Gervasio. La violencia del ataque quedó plasmada en los incontables moratones en brazos y cara, aunque el forense consideró una única herida como mortal: un cuchillo muy afilado o cosa similar le seccionó la yugular. Inconsciente por los golpes que le destrozaron la cara, murió sin embargo desangrado (al parecer con gran rapidez).
Cinco personas más se encontraban en la vivienda en aquel momento, aunque en diferentes estancias: su esposa, una hija y tres criados. Nadie vio nada. Uno de los sirvientes, el cocinero, declaró haber escuchado un grito, pero juzgó que provenía de la calle, y no le dio importancia.
La policía, que en un principio creyó hacer grandes avances en la investigación, pues detuvo a cuatro o cinco sospechosos, pronto tuvo que rendirse a la evidente dificultad que suponía resolver el caso con éxito. Aproximadamente un año más tarde, en plena crisis, el gobierno francés y el Gabinete Extraordinario Europeo declaraban oficialmente al caso del juez Maillet como el primero de los ataques.

2.- Crímenes insolubles.
Pocas cosas magnetizan de tal modo la atención de la opinión pública como el crimen de alguien relevante, de un personaje a quien la fama hace que su nombre se conozca tanto en palacios como en arrabales. Esto que digo es fácilmente medible y objetivable: tomen la cifra de ventas de los principales periódicos el día antes del asesinato, y tómenla los días posteriores. Verán un incremento considerable que no es de otro modo explicable, y un número dedicado casi por entero al caso. Para más adelante quedarán las guerras en el Indostán o la Abisinia, las hostilidades comerciales entre Estados Unidos y la América del Sur, o la escandalosa subida del precio del algodón. La sangre pública, la tragedia notoria es siempre la noticia periodística que más hechiza los corazones.
Más interesante que la más interesante novela es para muchos leer en un periódico sensacionalista ( y díganme cuál no lo es) el homicidio de una corista de quien era vox pópuli que favorecía a un conde o personaje semejante… y a tres o cuatro pretendientes más.
Ahora bien, únase al crimen célebre la componente misteriosa. La incógnita, bien por habilidad del asesino, bien por concatenación de circunstancias casuales, que hace que la policía clasifique el caso como “de difícil resolución”, y no consiga más que dar los palos de ciego habituales: toma exhaustiva de declaraciones sin llegar a ninguna conclusión concreta, detención de los tres o cuatro sospechosos de siempre, etc. Y si las cosas se ponen difíciles y ninguna luz atraviesa toda la maraña de conjeturas e hipótesis haciendo que resplandezca la única verdadera, y la presión de la opinión pública exige resultados, las autoridades cargan el mochuelo a uno de esos infelices que hacen de cabeza de turco; una rápida sesión de horca, garrote, paredón, o el procedimiento abreviado que corresponda dependiendo del país de que se trate, y allí paz y después gloria.
Pero , ¿qué ocurre si uno de estos crímenes que hacen vibrar a un país cada diez o veinte años y que pasan a ser de todos conocidos, que llegan a crear incluso expresiones populares, que son cantados por los niños en cancionetas infantiles, y del que se hacen chistes de mal gusto que llegan a durar casi un siglo…, qué ocurre, digo, si muchos de esos asesinatos se producen en un intervalo de tiempo muy breve, afectando a varias naciones, y que todos ellos tienen una componente misteriosa que los hace acaso hijos de una misma causa? Bien, he ahí la crisis europea.
Entre diciembre de 1909 (crimen de Maillet en París), y marzo de 1911 (asesinato del Ministro de la Guerra Doroyev, en San Petersburgo) al menos dieciséis personas de la más alta transcendencia política y social fueron asesinadas en seis países europeos: cuatro víctimas en Francia, dos en Alemania, tres en Italia, una en Austria-Hungría, dos en España, cuatro en Rusia.
Las pesquisas de cada crimen (naturalmente, realizadas de forma independiente por expertos de distintas naciones) establecen coincidencias tales entre todos ellos que las autoridades de las potencias europeas se vieron obligadas a considerar estos casos como “plausiblemente atribuibles a una causa común aún no determinada” (Comisión Intraeuropea – que fue el embrión del Gabinete Extraordinario Europeo - , 7 de octubre de 1910).
A día de hoy, ninguno de estos dieciséis asesinatos ha sido resuelto.

3.- Elementos comunes.
En el citado informe de la Comisión Intraeuropea se atribuía una serie de “elementos comunes” a los –por entonces- doce crímenes. Es decir, unas cuantas características que les hacían semejantes; tanto, que incluso se atrevían a mencionar la posibilidad de una causa común. Un verdadero problema internacional para el que se recomendaba dejar a un lado las tensiones entre los países y crear un gabinete de crisis.
Los elementos comunes, fundamentalmente fueron:
- La alta relevancia de las personas asesinadas (miembros de familias reales, ministros, eminentes jueces, grandes banqueros o industriales, y un presidente del Gobierno – el de Italia- ) hace que una de las principales conjeturas sea la de que se trate de “asesinatos políticos”; y los principales sospechosos, las diversas organizaciones anarquistas que pueblan nuestro continente, que se sabe que son altamente violentas y están interrelacionadas según la policía, y que persiguen el objetivo común de destruir los Estados modernos.

-No hubo testigos. - En ninguno de los casos pudo encontrarse ni un solo testigo visual de los sangrientos crímenes, y ello a pesar de que solía haber sirvientes o familiares en el mismo lugar del suceso, aunque en diferentes habitaciones. Esto hace evidente la gran habilidad del asesino o asesinos. En cuanto a los testigos auditivos sí que existen, y normalmente fueron personas que se encontraban en una sala contigua a la escena del crimen, o que pasaban por la calle en el instante en el que se producían los hechos, pero escucharon cosas poco determinantes y que sirvieron de poca ayuda a la investigación, como fueron ruido de forcejeo, golpes, algún grito apagado, el ruido que hace un cuerpo desplomándose… Estos testigos auditivos, personas próximas a la víctima, aun acudiendo de inmediato en muchos casos a la sala de donde provenían los sonidos, nunca vieron al asesino o asesinos, encontrándose en cambio de golpe y porrazo a la víctima, bien agonizante, bien ya sin vida.
-Golpes atroces. Cortes en el cuello. - Todos y cada uno de los asesinados recibieron varios golpes, propinados con gran fuerza, en la cabeza o en la cara, Muchos de ellos tenían también moratones defensivos en manos y brazos, originados al intentar protegerse de la agresión (considérese la violencia con que fueron dados estos golpes: se sabe que algunos de estos traumatismos implicaron rotura de huesos; incluso en una de las víctimas -Herr Stottlemeyer, vice-canciller alemán, 28 de mayo de 1910- el golpe en la frente fue de tanta intensidad que ocasionó pérdida de masa encefálica. Los golpes, según inspectores de policía, “ocasionados con algún objeto no determinado (…) fueron dados para aturdir, para dejar completamente indefensa a la víctima antes de cortarle la yugular con un instrumento muy afilado que tampoco ha sido encontrado ni determinado” (informe de la Guardia Civil española relativo al crimen del industrial Sebastián Lletget y su esposa, Barcelona, 2 de febrero de 1910).
También aparecen en 13 de los 16 casos desgarrones en la ropa: las chaquetas o camisas se encuentran descosidas en los hombros, como si el asesino hubiera asido y tirado con gran violencia de las prendas de vestir. Un forense ruso determinó que estos desgarrones se producían cuando el criminal agarraba por los brazos a la víctima y tiraba hacia sí.
“En ese mismo momento –escribe- mientras el asesino arrastra hacia sí con gran violencia a su víctima, le propina los golpes en la frente y cara (golpes que por las características de las heridas sabemos que fueron dados cuando la víctima estaba en movimiento), para luego cortarle la yugular con un solo rápido y calculado tajo. Esto nos hace pensar , o bien en la presencia de dos asesinos, o bien en un maquiavélico ingenio para agarrar a la víctima que deja libres las manos del homicida; o bien –sugerimos con poca o ninguna ironía - en hombres de cuatro brazos”.

4.- Hombres invisibles.
Una famosa frase de Bethmann-Hollweg, el canciller alemán, pronunciada en tono de burla en una cena cuando aún no había tenido que lamentar la espantosa muerte de su amigo el vice -canciller y no se había producido por tanto ningún ataque en suelo germano: “Convendrán ustedes en que nos encontramos ante asesinos muy inteligentes… y muy invisibles”, recibió eco en la prensa de todo el mundo, pero desprovista de toda componente mordaz (la opinión pública no estaba para bromas de mal gusto), expresó muy bien el inconsciente popular. Desde aquella insignificante declaración todo el mundo hablaba sin tapujos de “hombres invisibles”.
E invisibles debían de ser puesto que, a pesar de poner en jaque la seguridad de las naciones, a pesar de haber cometido los magnicidios más violentos de que se tenga noticia, absolutamente nadie los había visto, ni se tenía la más mínima pista sobre ellos.

5. Tres Hipótesis: La amenaza inglesa.

Francia y España primero, y más tarde también Rusia e Italia, señalaron formalmente a Inglaterra como causante de los asesinatos. Consideraron que tan horribles crímenes, cometidos sin dejar huella y en ocasiones burlando importantes medidas de seguridad, sólo podían realizarse si estaban amparados por el poder de una nación, por los hábiles servicios secretos de un gran país. También argumentaban que ningún atentado de estas características fue cometido en suelo inglés. En un telegrama enviado al Primer Ministro británico el 14 de agosto de 1910 desde Barcelona, ministros de España y Francia acusaban a Inglaterra y amenazaban a aquel país con “acciones defensivas contundentes desarrolladas conjuntamente”, si otro crimen volvía a ocurrir en sus respectivos territorios nacionales. Dos meses más tarde Rusia e Italia ante los graves acontecimientos sucedidos en sus territorios se unen a la “Respuesta de Barcelona” y suscriben el telegrama, enviando al Primer Ministro inglés el mismo texto que habían redactado España y Francia.
La respuesta de Inglaterra fue siempre conciliadora, rechazando toda acusación y poniendo a disposición de los países europeos el buen hacer de sus peritos policiales e investigadores, y prestando a Europa apoyo moral e incluso económico...

Desde la Gran Bretaña llegaron a tomar la impopular y contraproducente medida de cortar durante meses todo tráfico comercial con el continente, temiendo una especie de “contagio”.
En los periódicos ingleses aparecían entonces una tesis a tener en cuenta: el agente (o agentes) causante se movía con gran facilidad por los países del continente, pero de momento no había podido pisar suelo inglés. Lo mismo ocurría con los demás países del mundo. Desde Estados Unidos y demás naciones de la América asistían al espectáculo estupefactos y contrariados, pero podría decirse que incluso divertidos (véase el cortometraje El Crápula Recibe su Merecido, Mack Sennett, 1912) y sin plantearse seriamente el problema, la paranoia que aterrorizaba a las naciones europeas. Dicho de otro modo, los Hombres Invisibles no viajaban en barco, ni tampoco atravesaban los Urales, ni siquiera iban más allá del Adriático...

“Dejando a un lado las muchas tonterías que se dicen sobre estos crímenes, la tesis inglesa es la única que no entra dentro de los esquemas de la novela barata. En un momento en que su comercio flaquea, ¿qué mejor que utilizar un importante descubrimiento armamentístico para desestabilizar a las naciones de Europa – sus competidoras – mientras se reparte con EEUU la tarta de Hispanoamérica, y toma ventaja en África y Asia?” (Miguel Montaner, Ministro de la Guerra español, agosto de 1910).

El crimen de Lord Derrick, cometido aparentemente en similares circunstancias a los magnicidios europeos, vino a acallar en parte estas voces acusadoras, y muchos de los dedos que señalaban a Inglaterra como nación asesina hubieron de bajarse a la espera de encontrar otro posible culpable. Un personaje importante, miembro del parlamento británico, violentos golpes en la cara, corte en la yugular (seccionando esta vez parte de la tráquea), sin testigos…. Todo ello hacía suponer que Inglaterra se había “contagiado” del mal europeo. Sin embargo dos investigadores locales demostraron más tarde que el asesinato de Lord Derrick fue un inteligente crimen de imitación que escondía un trivial asunto de faldas. Un oscuro comerciante de telas se había vengado del político tras descubrir que éste había enamorado a su joven mujer. Decidió entonces imitar las características de los crímenes europeos, tan conocidas por todos. Los hermanos Holmes –ése era el apellido de los pesquisidores- con su amor a la verdad, volvían sin querer a levantar sospechas contra la Pérfida Albión.

6. Tres Hipótesis: terrorismo anarquista.

La explicación que más satisfizo a las naciones de Europa no fue, sin embargo, la inglesa. La importancia de las víctimas, su encumbramiento social y alta posición económica, hacía que estas parecieran elegidas como blanco por el fanático movimiento anarquista. Atentados terroristas en los que se usaron nuevos ingenios en vez de las usuales bombas y disparos en la cabeza. Aunque, si esto fue así, ¿por qué nunca fueron reivindicados?
Por otra parte, existe una interconexión entre los grupos revolucionarios y anarquistas de toda Europa; no siendo difícil encontrar asesinos italianos en suelo español, o viceversa. El anarquista considera que no tiene más patria que los sujetos de su misma ideología. La internacionalización de los crímenes encaja muy bien con El Ataque de los Hombres Invisibles.
Los países atacados reprimieron con dureza a grupos anarquistas y sindicales durante esos años. Las ejecuciones de cabecillas aumentaron considerablemente. No obstante esto, pocas veces estos grupos políticos radicales recibieron tanto apoyo de las clases bajas como entonces,; ¿por qué?; es claro que la bombas son impopulares, pero asesinatos selectivos de personajes poderosos en una época en que las desigualdades, tensiones sociales y las necesidades de las clases bajas son la norma pueden hacer que algunos miserables apoyen tan vil causa.

Pocas semanas después del asesinato de Sergéi Doroyev, la policía rusa desarticuló en la ciudad de Duvna un grupúsculo revolucionario. Los policías describieron que uno de los instrumentos que se aprehendieron al grupo terrorista era un ligero aparato que en un primer momento consideraron podía tratarse de un nuevo tipo de imprenta portátil, dada su complejidad mecánica. No pudieron realizarse análisis posteriores del ingenio eléctrico, pues el gobierno ruso aseguró que se extravió durante el traslado del material terrorista a los cuarteles de la policía.
Hace unos meses el reciente Premio Nobel de Física herr Planck escribió un artículo que fue traducido y publicado por los principales periódicos europeos; en él se argumenta que es inverosímil que pueda darse a día de hoy una máquina que genere invisibilidad: “si la más potente nación de la Tierra pone todo su poder económico en el intento de alcanzar un objetivo imposible, ese objetivo no dejará por ello de ser menos quimérico”

7. Tres Hipótesis: Los niños de Vincennes.

En el verano de 1910 un grupo de niños juega en una zona boscosa en las afueras de Vincennes, Francia. Durante varios días excavan con picos y palas para “encontrar un tesoro”. Días más tarde cambian la finalidad de sus excavaciones: han abierto un buen hoyo, tan grande que tienen que ayudarse de cuerdas para bajar y subir; ahora lo que pretenden es “cazar un oso”. ocho pies de profundidad medía el agujero, por unos cinco de ancho y cinco de largo, cuando decidieron cubrirlo de ramas y preparar la "trampa para osos".
Una mañana, al llegar a su zona de juegos se percataron de que las ramas que simulaban la superficie estaban rotas y un animal había caído en el agujero. Mucho más se sorprendieron al encontrar que todavía estaba en el hoyo y se golpeaba ruidosamente contra las paredes de tierra. Los cuatro niños de Vincennes sostuvieron que habían atrapado a un “hombre saltamontes” o a un “saltamontes gigante”, aunque “era oscuro, del mismo color que la tierra y apenas se le podía distinguir”. Se asustaron mucho y fueron a alertar a las autoridades. Tardaron en convencer a un gendarme para que les acompañara al lugar. Mas cuando finalmente volvieron, el agujero estaba vacío, aunque con evidentes huellas de que algún animal había estado dentro, pues las ramas que disimulaban la trampa se encontraban pisoteadas en el fondo de la excavación.
Esta noticia, que recibió algún eco en Francia, hizo que algunos redactores de periódico de aquel país pasaran a denominar a los criminales Hombres Invisibles como "Seres Invisibles".
Algunos periodistas ingenuos contrastan este insignificante hecho con el del crimen de Darío Tomassi, el presidente de la Cámara Alta italiana. De todos es sabido que Tomassi dejó escritas tres letras con el dedo manchado en su propia sangre, en los papeles en los que estaba trabajando:

M O S . . .

Es opinión popular que Tomassi quiso escribir “mostro”, (“monstruo”)

8.- El asesinato del industrial Lletget y su esposa.
Dos importantes rasgos convierten en único al crimen cometido en España, el doble asesinato del industrial Sebastián Lletget y Riva y su esposa Montserrat Planells: la mujer de Lletget es la única fémina del grupo de los dieciséis, amén de que éste fue el único crimen doble.
Lletget, de familia adinerada, fue uno de los más beneficiados por el arancel a las telas extranjeras: se dice que centuplicó su fortuna gracias a su floreciente negocio. Sus amigos le llamaban en broma “el sastre de España”, y es que no en vano este ex-diputado en las Cortes era poseedor de las más importantes fábricas textiles de la Península.
El 2 de febrero de 1910, Lletget fue asesinado en la cochera de su casa mientras ponía en marcha su automóvil, con el que pensaba dar su diario paseo por la ciudad acompañado de su mujer.
Se cree que doña Monserrat encontrándose cerca oyó algún sonido anómalo y acudió a la cochera inmediatamente (o acaso ya estaba allí). La mataron de la misma atroz manera que a su marido… y que el resto de los dieciséis.
Como bien dijo por entonces José Canalejas (el presidente del gobierno español, más tarde asesinado por un anarquista):
“Si han matado también a esta pobre mujer podrá aducirse que en efecto son muy inteligentes, pero no tan invisibles”

4 comentarios:

M. Imbelecio Delatorre dijo...

sí, ya sé que tiene faltas y errores de sintaxis y alguna que otra incongruencia... ya las corregiré otro día que me dé menos pereza, o menos asco.

eva dijo...

Hola!!!
Qué amena, intrigante y original esta historia. Me ha gustado mucho Fer. Escribes muuuu bien.
gracias por la dedicatoria ;)
besooo

M. Imbelecio Delatorre dijo...

hola, eva, gracias a ti por leer mis tonterías

Ñoco Le Bolo dijo...

… con la mirada atenta…

Bueno. Pues no diré mucho. Casi mejor, nada, ya que no se me ocurre algo que decir. Seguiré pensando.

... saludos desde CR & LMA
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