domingo, enero 15, 2006

No te cortes, hombre.


La mayoría de secretos son individuales. Y vergonzosos. Implican acciones o pensamientos que atañen a uno mismo y que no osaríamos pronunciar en voz alta. Rara vez son transmitidos al más fiel amigo, al familiar más cariñoso y comprensivo. Viven dentro de cada uno, y te acompañan hasta la tumba, voraz y obscura devoradora de pensamientos, sueños y recuerdos, que nunca serán regurgitados.

Uno de estos secretos es el que mantienen muchos adolescentes (se estima que en torno a un uno por ciento de la población en los países desarrollados), y del que, al contrario que de otros males con más tirón en los medios como la anorexia o la bulimia, jamás hemos oído nombrar en la tele o leído en un periódico.

Consiste este mal del que hablo, y que afecta tanto a chicos como a chicas, en que los jóvenes que lo padecen se hacen, en lugares no visibles del cuerpo que quedan ocultos por la ropa (brazos, axilas, pecho, vientre...), pequeños cortes en la piel, no profundos (lo suficiente para sangrar un poquito), con una cuchilla, navaja, o cualquier objeto afilado. Y lo hacen para sentirse mejor.

Sí, aunque parezca un sinsentido, se hacen daño a sí mismos precisamente porque se sienten mal; así que equivocadamente piensan que un dolor leve, relativamente fugaz, les hará olvidar durante unos instantes su otra desazón, la interior, la que es más profunda que esos cortes y no se disipa tan rápidamente como sanan las heriditas del cuerpo.

Lo preocupante de esto es que, como toda sensación de placer momentáneo (más que placer, alivio del dolor en este caso), puede provocar en los espíritus débiles adicción y convertirse en un triste hábito.

Si quieres saber algo más sobre este tema del que nadie habla, aquí tienes una página en español (la única que encontré buscando por la red).

http://kidshealth.org/teen/en_espanol/mente/friend_cuts_esp.html

Qué perdido se está en la adolescencia, ¿verdad? Lo peor es que la adolescencia se va y los adultos estamos igual de perdidos...

Nos vemos :)

(nota: la imagen pertenece al grabado LA MELANCOLÍA (1514) de Alberto Durero (1471-1528)