Vivo en una villa asturiana (en un pueblo como quien dice pues tiene unos tres mil habitantes), pero me crié en un núcleo poblacional mucho más pequeño, una aldeúca de unas 130 ó 140 personas, a unos cuatro kilómetros, en la otra orilla del Nalón.
Quiero decir con esto que soy de un pueblo pequeño en el corazón de la Asturias rural. Hijo, nieto, bisnieto,etc. de labriegos asturianos hasta donde alcanza la memoria. Tan asturiano como el que más (y no dudo que mucho más que algunos que van de auténticos celtas, pero no son más que neófitos malburros (jaja, perdón por el chiste tabaquero tan malo, pero la comparación es buena).
Mis padres, mis abuelos, la gente de mi familia, la de mi pueblo, las personas de esta villa en la que vivo tienen una manera peculiar de hablar el español que es muy distinta a la que se usa en Valladolid, en Cartagena, en Santander, en Barcelona.
Además de una entonación cantarina y para mí entrañable, hay multitud de característicos giros y expresiones, transposiciones pronominales, alternativas conjugaciones de verbos, diferencias en la pronunciación, y un vocabulario también distinto (a veces sin equivalencia en español), que hacen de nuestra forma de hablar algo verdaderamente peculiar, y fácilmente identificable. (salvo, quizá, para esos que no distinguen el habla del asturiano de la del gallego, y afirman ufanos: "lo mejor de Asturias es la sidriña ").
Como no he traspasado los Picos de Europa más que un par de veces y con la gente que hablo suelo hacerlo en ese cariñoso dialecto, me resulta difícil hablar en fino, es decir, en español limpio de asturianismos... (Aquí en el pueblo decimos que alguien es muy fino cuando, o bien es de ciudad y desconoce nuestro habla o, aun siendo de pueblo, para darse tono afecta hablar castellano puro, libre de los asturianismos que ha mamado durante toda su vida).
Así pues, de darse el imposible caso de que alguna vez charle en persona con alguno de vosotros, desconocidos y amables visitantes, raro será que, cuando intente hablar en la buena lengua de Cervantes, sin darme cuenta no descoloque todos los pronombres de las frases, poniéndolos después del verbo en vez de antes (díjome eso, salióme un grano, trájome un regalo, quiérote mucho); insólito será que no mezcle alguna expresión o palabra que os sonará exótica, y, sobre todo, cosa extrañísima sería que, sin querer, no use el "ye" como tercera persona del singular del presente de indicativo del verbo ser (ese gatu ye mío).
Eso es lo que pasa, que en las zonas rurales sobre todo (aunque desde hace algunos años en las ciudades ya no está mal visto hablar como los campesinos, sino todo lo contrario, y hasta las señoritas en los cafés se hinchan de apócrifa verborrea asturiana), hablamos de una manera tan distinta (y este fenómeno ha sido estudiado por importantes investigadores del lenguaje como Neira o Alarcos), que históricamente se llama a nuestra forma de hablar "dialecto astur-leonés","dialecto asturiano" o "bable".
Añadir también que hay muchos bables -muchas formas dialectales del castellano-, porque el bable que por ejemplo hablan en las cuencas del Nalón y del Caudal, es bastante distinto de este de Candamo y Grado, del de Cangas del Narcea... La causa de eso quizá hay que buscarla en la evolución de las formas de hablar en la peculiar orografía asturiana.
Desde que tengo uso de razón vengo observando que la gente de los pueblos tiene en muchas ocasiones un marcado pudor cuando trata con la de ciudad. Los de pueblo nos infravaloramos, tendemos a pensar que los de ciudad, por serlo, son mejores: más modernos, más abiertos a todo..., menos zafios. Andamos siempre con miedo de que en nuestra habla o comportamiento algún asomo tienda a encasillarnos bajo el cruel e injusto adjetivo de paletos.
Así que cuando era pequeño y, por cualquier razón, tenía que ir a la ciudad con mis padres, o venían a visitarnos los primos de Avilés, con gran pudor soltaba alguna frasecita en mi impuro español -más cargado de asturianismos que Homer Simpson de cerveza-, a riesgo siempre de que me soltasen el temido adjetivo.
Pero ahora, en unos años, todo ha cambiado. Gracias a ese artificioso nacimiento regional que en todas las regiones del Estado Español disfrutamos, ahora son los de ciudad los que presumen de bable frente a los de pueblo. Aunque no lo llaman bable (eso es de reaccionarios fascistas). Para ser cien por cien guay hay que llamarlo "llingua asturiana", porque en realidad es una llingua tan importante como el inglés, el alemán, el francés, el español.
El inconveniente es que esa "llingua asturiana" - que cuenta también con sagradas y milenarias instituciones como la Academia de la Llingua Asturiana (fundada en los años ochenta) - es extraña al asturiano de a pie. ¿ Por qué? pues porque no recoge el habla real de la gente, sino que un grupo de doctísimos sabios (con cierta afición por el ilusionismo) la creó, la tipificó teniendo como base los distintos bables y, sobre todo, estableciendo las mayores diferencias posibles con el español. De mi habla entrañable, rural, familiar y natural, hicieron una extraña, aberrante, artificial, falsa. Y se da la paradoja de que yo, mis familiares y convecinos, asturianos de pura cepa, no entendemos casi nada de esa novedosa "llingua de laboratorio". (para nosotros es de especial motivo de risa en esa llingua astur las palabras sofisticadas que no existen en el bable tradicional: teunoloxía, conceutu, oxetivu, téunica, continxente, tresmisión, práutica... ¡ay!, pobres abuelos míos... ellos que se creían tan asturianos como Pelayo y tan rojos como Carrillo y ahora nos damos cuenta que eran en realidad tan fachas y centralistas, tan antiasturianos, que esto les suena a chino)
Esta novedosa llingua la enseñan a los niños en las escuelas y a los adultos en cursillos gratuitos de los ayuntamientos. Hay una minoritaria pero creciente demanda (parece ser que por parte de gente mucho más asturiana que el resto), para que esta lengua apócrifa se "normalice", se imponga en toda asturias como cooficial con el español. Los partidarios de la llingua asturiana manejan estadísticas que dicen que del millón largo de asturianos, hablan la llingua más de cuatrocientos mil. Yo, de todas los vecinos y paisanos con que me he encontrado en persona en mis 28 años de vida, os juro que jamás escuché hablar a nadie na llingua asturiana.No conozco a nadie de esos cuatrocientos millares, lo que estadísticamente es muy difícil. De hecho sólo la hablan en la radio y la tele locales algún político cosmopolita o algún periodista de mundo, un suplemento semanal en el periódico local, otro periódico íntegramente na llingua (y desde que los pragmáticos de IU nos gobiernan, alguna publicidad institucional), iniciativas todas seguramente pagadas con mis impuestos.
Aun así, a pesar que ni Dios habla la esa mítica llingua que casi con toda probabilidad ya utilizaban los druidas para comunicarse con las deidades, comprobaréis que muchos -sindicatos, escritores, artistas, asociaciones culturales- piden en manifestaciones la oficialidá de la llingua: unos -los menos- por su convencimiento e ideas nacionalistas, otros porque ven ocasión de hacer su agosto si eso se realiza (habrá que rentabilizar de algún modo los 3 años empleados en estudiar llingua asturiana en el ayuntamiento de Avilés, ¿no?), y otros -los más- van arrastrados por los anteriores porque temen que se les considere antiasturianos (la mayor ofensa hoy día para cualquiera, casi tanto como mentarse en su madre), así que tragan con mentiras tamañas como catedrales, con tal de que nadie les reproche nada y asturies vaya adelante.
Y se da la paradoja de que en mi infancia me avergonzaba de hablar bable delante de los niños bien de la ciudad por miedo a que me llamasen paleto o algo así, y ahora, como no sólo no hablo la llingua asturiana esa que acabarán imponiendo, sino que la rechazo como extraña y como una imposición, corro el riesgo de que los mismos pijinos de la ciudá de derechas de cuando pequeño me llamen ahora reaccionario, españolista, fascista o algo así.
Cuando era pequeño, los de pueblo decíamos "ési habla muy fino", para referirnos a un tipo que hablaba castellano sin mezcla de asturianismos... análogamente podríamos decir ahora "ési habla muy zafio", para referirnos a esos payasos de la tele que afectan hablar esa llingua ideal, sin mezcla alguna no ya de castellano, sino sin apenas nada del bable tradicional, sin un ápice de sentido común, ni del de la decencia.
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jueves, agosto 31, 2006
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