viernes, junio 06, 2008

la llamada de la tierra

Hace días que he muerto, ¿ y a quién le importa?. A nadie. Estoy solo. ¡ Tan solo!

La tierra – la fría y húmeda tierra – me llamaba desde hacía varios años. En realidad nos llama a todos, pero sólo unos pocos desgraciados podemos percibir esos lúgubres ecos. Un mareo repentino. Una sensación de angustia, y la necesidad de cobijarse, de alejarse del vacío. Agorafobia lo llamaba mi loquero. Qué mentecato. Yo sabía que era la tierra siempre hambrienta que anhela engullir más y más. Tiene prisa... ¡como si no fuera a acabar digiriéndonos a todos!

¿Y ahora? ¡he muerto! La oscura tierra me devorará finalmente. Y, conmigo, devorará el recuerdo de todos los sueños que un día tuve. Qué marchitos, qué putrefactos se ven desde aquí, sin el brillo de la esperanza. Sin embargo, ¡qué luminosos, qué halagüeños eran en la mocedad! Incluso aun siendo melancólicos (porque sabía que nunca podrían realizarse) qué colorido tenían. ¡ay, lo que daría por poder soñarlos de nuevo!. La mayoría de la gente sueña con riquezas, con fama, con placeres imposibles... Mis anhelos, en cambio, ¡eran tan humildes!. Deseaba lo que otros ya daban por hecho: una vida normal, el amor de una mujer… y no sentir, no, no volver a sentir nunca la llamada de la tierra.

* * *

Pero, si estoy muerto, ¿de quién es el delgado hilo mental, el discurso que en forma de débil voz va y vuelve, y dice estas frases en lo más profundo de mi cabeza? Ha de ser mío… No estoy muerto entonces sino dormido.

...Sí, dormido…

… Hace tiempo que dormir no significa lo que significaba antes… Si los mismos desagradables pensamientos me atormentan también cuando duermo, ¿de qué me sirve dormir? No hay sueño reparador si lo que se sueña no es placentero. Hace muchos años que mi sueño no me reconforta…

* * *

Pero...esa repugnante sensación en la boca del estómago, en la garganta… La náusea… La náusea me hace comprender que no estoy dormido… sino despierto. Sí, ¡despierto!. Bueno, a medias, estoy en algún lugar entre la vigilia y el sueño. Pero ¡tan cansado!... Ah, otra vez, ¡qué desagradable!. Quiero vomitar. Voy a vomitar. No, no tengo fuerzas ni para eso. Me duermo… me duermo…

* * *


¡Qué ironía…!: toda la vida sintiendo el eco de la muerte llamándome desde la tierra, fastidiando mi vida, convirtiéndome en un auténtico bicho raro, haciéndome por siempre infeliz, incapaz de llevar una vida normal, y heme ahora aquí, al borde mismo de la muerte, cada vez más cansado, cayendo en un penoso sueño de dolor y de náusea, y deseando vivir, ¡vivir, vivir más!, viendo mi desesperación de las pasadas semanas como atravesada por un tamiz nuevo que la hace menos punzante..., completamente arrepentido de haberme tomado todas esas pastillas.

***

2 comentarios:

Carlota dijo...

Bueno... igual llegan a tiempo de hacerle un buen lavado de estómago y no se muere... y quizás puede que comience a vivir por primera vez, a dejar de estar muerto en vida... suponiendo que no se le olvide esa sensación espero que no última. Un beso.

Ñoco Le Bolo dijo...

Si me leyeras... verías que yo también he muerto. Pero gozo de buena salud gracias al lom y al rioja, y me da tiempo de hacer algunas cosas, como venir a solazarme en este prado.

Hala, tómate una fabes que lo curan todo. Y sidrina, ñoco!