miércoles, abril 04, 2007

Otro más.

"Desde mi niñez no he sido como otros han sido."
EDGAR ALLAN POE.

El hombrecillo salió de entre los restos de la redoma.

-¡Me has liberado! –dijo al espantado joven con su vocecita de gatín recién nacido-¡ Me has liberado! ¡Creí que no saldría nunca de esa asquerosa prisión!
-Yo… yo… he tropezado… se ha roto… yo… lo siento.
-¿Lo sientes? ¿Bromeas? ¡Me has liberado! Te concedo lo que quieras. Pídeme lo que desees y te será concedido.
-Pero…,¿qué? ¿Estoy soñando? Estas cosas no suceden en la realidad…
-¿Qué quieres?, ¿riquezas sin fin?, ¿una hermosa esposa?, ¿imperecedera gloria?. Todos esos son trucos tan fáciles para mí como para ti chasquear los dedos o silbar un aire. Dime lo que quieres y te será concedido… ¡Pero no tardes…!: sin estar en contacto con el compuesto que en el interior del recipiente puso el maldito marqués de Villena, quien ahí me encerró, pronto me evaporaré y no podré ver ni conceder deseos a los mortales.
-Yo…
-¡Rápido!
-Esto…
-¡Pide y te será concedido!

¿Qué pediríais vosotros a un genio que sale de una botella? ¿acaso riquezas, buena salud, larga vida? Quizá éxito en el amor, o fama y reconocimiento por parte del resto de los hombres… ¿Sabéis lo que pidió el atribulado joven que en la antigua biblioteca tan sin querer acababa de romper un viejo y por mucho tiempo oculto tarro? No, no podéis imaginarlo… ni comprender tampoco por qué pidió aquello:

-Mágico ser, concédeme no haber nacido.
-¿Cómo? ¿ que te conceda… qué?
-No haber venido al mundo, no haber sido… no haber nacido.
-¿No quieres poseer ingentes cantidades de dinero? ¿no quieres amar a una hermosa mujer? ¿no quieres que tu nombre sea escuchado con admiración en todo el orbe y quizá durante muchos siglos?
-Quiero lo que he pedido.
-Pero, ¿por qué? –dijo el hombrecillo, algo decepcionado -: Tú me has hecho un bien, y pretendes que te cause un mal.
-No, simpático ser, no es ningún mal lo que te pido. Escucha: soy un soñador. Durante toda mi vida no he hecho otra cosa que soñar: soñar que amo, soñar que me divierto, soñar que vivo… Pero, claro, sin haber amado nunca, sin haberme divertido nada más que un poco en mi niñez…, sin haber vivido realmente… porque no sé vivir, soy demasiado pusilánime, demasiado triste, y no sé cómo hacerlo… Y los sueños, vívidos e intensos en la adolescencia y juventud, van agrietándose y perdiendo color a medida que uno se hace adulto; van secándose y perdiendo lozanía… ; se marchitan y dejan de cumplir su función, dejan de remedar la luz de la vida para pasar a mostrar al cabo de cierto tiempo las pavorosas tinieblas de la muerte. Si un sueño no puede imitar a la vida, y regalarle el brillo y luz de que ésta carece, no es sueño. Si la vida no se adorna con los sueños, queda un mundo gris, desolado, feo…, horrible. Y las riquezas poco pueden hacer para darle brillo si mis sueños se van apagando… ¿El amor? No conozco el amor… y es demasiado tarde para eso: perdí ese tren… y ya no pasan más. ¡la gloria!¡menuda tontería, no me hagas reír!... Concédeme lo que te pido, por favor: si no hubiese nacido nunca, jamás hubiese sufrido. Y, si me das lo que te pido, mis familiares no padecerán pena alguna porque me haya ido…, simplemente nunca habré existido.
-Me dejas consternado… pero, en fin, puesto que es lo que quieres, te concederé lo que pid…

Pero aquel ser que semejaba a un hombre diminuto había ido paulatinamente desapareciendo, y desapareció por completo justo antes de conceder tan extraño deseo a nuestro amigo el soñador.

La melancólica nube que siempre solía haber en el ceño del muchacho se oscureció un poco más. Miró los pedazos de loza que hacía un par de minutos formaban un antiquísimo recipiente y que su torpeza había hecho añicos.

-En fin – se dijo – otro sueño roto.

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imagen: redoma italiana del siglo XVI
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martes, abril 03, 2007

guá-guá, guachi-guachi

En Gilichorradas estamos de enhorabuena porque Paul Barnaby, de la Biblioteca de la Universidad de Edimburgo, encargado de la elaboración del Archivo Digital sobre Walter Scott, nos ha escrito un correo electrónico muy amable en el que nos pide permiso para poner un vínculo desde tan importante portal a nuestro modesto artículo sobre una novela de sir Walter. Nosotros, contentísimos, le hemos respondido en nuestro inglés (guá-guá, guachi-guachi) que sí, que claro, que faltaría más, oiga.

:). Un saludo.
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correo original de Mr. Barnaby:

Dear Sir

I am writing to request permission to insert a link from the Walter
Scott Digital Archive (http://www.walterscott.lib.ed.ac.uk/), a
scholarly resource maintained by Edinburgh University Library, to the
following page on your excellent site:

http://gilichorradas.blogspot.com/2007/01/el-pirata-de-walter-scott.html

I should be most grateful if you were happy for us to do so.

Yours sincerely

Paul Barnaby
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Por cierto, desde que colgamos esa entrada a la que se refiere Mr. Barnaby se ha convertido en una de las más visitadas, sobre todo por gente de Hispanoamérica. aprovechamos para enviar una afectuosa sonrisa desde aquí a los visitantes del otro lado del charco :)
imagen: Biblioteca de la Universidad de Edimburgo, Escocia.

Gilichorradas anuncia:




Los martes de abril la misa de ocho empezará a las nueve y media.

el verdadero automóvil.

Imagina que viajas en un coche desde hace mucho tiempo. No recuerdas ni cuándo ni cómo entraste en él (aunque lo sabes porque te lo han contado, no recuerdas el hecho). También sabes que viajas solo dentro de ese “coche”; y te das cuenta de que nunca lo abandonarás vivo. Que morirás, también completamente solo, dentro de él.

Es un automóvil maravilloso que te permite, entre otras muchas cosas, viajar en el espacio y en el tiempo (con un poco de suerte, quizás viajes algunas décadas). El viaje en el tiempo (tu percepción del mismo) es lento (¡ojalá fuese más lento aún!) en la infancia y juventud, y va acelerándose a medida que te haces viejo, para pasar raudos los días al final, cuando eres un anciano.

El motor es tu corazón. Y tú – el conductor – eres tu cerebro.

imagen: una mujer embarazada pensativa, robada de otra página por el morro.

lunes, abril 02, 2007

Cuatro Náufragos (Cuento).

Eva, "discreta" y hermosa como la también manchega Galatea, me ha convencido para que publique este poeniano cuento (uno de los primeros que escribí) sobre cuatro náufragos que descubren que están atrapados... en un sueño. A veces me entretengo con un juego que consiste en ponerse sin ninguna idea preconcebida delante de un papel en blanco, dejar libre la imaginación, y permitir que las manos tecleen lo que quisieren mientras tratan de reflejar en el suelo del papel la informe sombra que proyecta el alto vuelo de aquélla. Así nació este relato.

Un saludo. Gracias por visitarme. Os deseo lo mejor.


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Descarga de audio- cuatro_náufragos_(Cuento).mp3

- CUATRO NÁUFRAGOS -

(…)
26 de enero.
Seguimos a la deriva. Hoy se cumple una semana del naufragio y no nos queda ningún alimento, tan solo un poquito de agua que hemos decidido reservar para la señorita Stevens. Ella, debido a la debilidad inherente a su naturaleza, no deja de llorar y mostrarse muy desconsolada; intentamos aplacar su aflicción, pero siempre en vano. No me extraña nada su estado de ánimo viendo lo que ha pasado; sí es de extrañar, sin embargo, el hecho de que no haya perdido el juicio después de contemplar la horrible muerte de su hermano.

27 de enero.
Hoy la tristeza parece consumirnos a todos. He estado observando las caras de los supervivientes (incluso he contemplado la mía propia durante un rato en un espejito de tocador que me prestó la señorita Stevens) y apenas puedo describir los desolados semblantes que en nuestros rostros tenemos pintados. Creo que debo consignar aquí que intenté sonreír un par de veces al espejo y no conseguí nada más que una extraña mueca, mezcla de desesperación y de locura. Grandes ojeras conforman nuestros amoratados párpados, lividez en las mejillas, crispación en los labios y terror en los ojos... parecemos espantajos salidos de un grabado de Goya. Como espejo del alma, nuestra cara refleja nuestros lúgubres pensamientos; baste como ejemplo de esto la somera transcripción de un diálogo que entreoí entre la señorita Stevens y el viejo marchante italiano. Éste trataba de animar a la dama con un optimista aunque falso discurso:

-...Oh no, señorita, no debe usted pensar eso....eso no está bien...además seguro que alguien nos descubre...Hoy día, miss Stevens, los perecimientos por naufragio son mucho menores que en tiempos antiguos, y eso a pesar de que el tráfico marítimo es hoy mayor que nunca...¿sabe por qué las víctimas son menos? porque hoy día se descubre a los naufragados: sí señor, si puedes subirte en una balsa, aunque esté formada por un grupo de tablas mal atadas, tienes una enorme probabilidad de que otro barco te vea. ¿No es esta una ruta comercial muy transitada?, ¿qué debemos temer entonces? no tenemos más que cruzar los dedos y esperar; necesitamos un poco de suerte, eso no voy a negárselo, pero creo que la tendremos, sí, crucemos los dedos y esperemos. Todo se arreglará, ya lo verá.
- Ojalá tenga razón. Ojalá Dios se acuerde de nosotros...- decía la dama sin mucho convencimiento y con lágrimas asomando a sus preciosos ojos.

"Cruzar los dedos y esperar", decía el descreído marchante italiano con afectado optimismo, en lugar de "rezar a Dios y rogarle misericordia", que decía miss Stevens con su fe protestante minorada por un fatalismo más intenso. En cuanto a los pensamientos míos y los de nuestro otro compañero, debo decir que se situaban en el segmento que forman estos dos pareceres, y que poco esperábamos todos de un acontecimiento futuro que aportase algo a favor de nuestra salvación.

29 de Enero.
El calor, la sed, el cansancio y demás padecimientos físicos hacen que a veces seamos víctimas de transitorios accesos de pánico o locura. Crueles alucinaciones, más intensas que las más terroríficas pesadillas -pues estamos despiertos- nos atormentan a uno o a otro. Yo, por ejemplo, me creía rodeado por monstruos indescriptibles, tan horrendos… querían comerme, sí, querían devorarme con sus enormes bocas, morderme con sus afilados dientes amarillentos. Alguien me echó un poco de agua de mar a la cara y desperté al fin, cayendo en la cuenta que tales engendros eran mis propios compañeros bajo el velo de un espeluznante delirio. El individuo cuyo nombre no recuerdo se arrancó un diente con la ayuda de su navaja en uno de estos extraños ataques, y tuvimos que luchar para impedirle que siguiera haciéndose daño, pues decía, que sus dientes “le hacían querer pecar, que debía arrancárselos como la Biblia recomendaba sacarse los ojos pecadores”.

30 de enero.
En este insólito estado de agitación mental en que nos hallamos, entre el amodorramiento y la locura, empezamos a pensar cosas demasiado extrañas…Hoy hemos pergeñado una singular teoría que, quizá porque nuestra imaginación está demasiado excitada, parece satisfacernos a todos. Así comenzó todo. Alguien declamó unos versos de La Vida es Sueño, el famoso drama del poeta español Calderón. Dije yo al escuchar aquellos versos, que acaso nuestras tribulaciones también lo fueran. “Quizá uno de nosotros esté soñando todo esto”, dije, “o acaso todos lo estemos soñando, quiero decir que cabe la posibilidad de que nada de esto sea real, pues en verdad que no puedo explicarme de otro modo tan fantásticos acontecimientos, tan penoso y misterioso viaje…”.

-Eh, eso tiene mucho sentido- dijo el marchante italiano- y más si añadimos que yo, por ejemplo, no recuerdo nada anterior a este naufragio; es como si siempre hubiese vivido así. Además no conozco tampoco nada de ustedes. Nada. No sé en realidad sus apellidos, ni a qué se dedican. Tampoco recuerdo en este momento si tengo esposa, hijos…esto todo es demasiado extraño…
-Es verdad, yo tampoco sé nada de ustedes, ni recuerdo nada de mi pasado y por lo que leo en sus caras, a todos les ocurre como a mí y al marchante italiano…¿Convienen entonces en lo que se me acaba de ocurrir? - dije-, que todo esto no puede ser más que una alucinación, que por alguna razón nos hemos encontrado en el mismo sueño, y padecemos del mismo modo?.

Todos se mostraron de acuerdo en que aquello no era real, no podía ser real, por las razones ya señaladas.

- Si suponemos que el sueño es de solo un individuo, creo que uno de nosotros tres, caballeros, y no la señorita Stevens es quien está soñando.- dijo el tipo cuyo nombre no recuerdo.
-Vaya, ¿y eso por qué? – preguntó la señorita Stevens, muy seria, tratando de comprender esta tan extraña y novedosa teoría.
- Es sencillo – respondió el tipo -: la señorita es muy atractiva, demasiado atractiva, diría incluso que su belleza se sale lo común. Ha de ser necesariamente esta dama un ideal, una fantasía de un hombre. Una mujer no se vería jamás a sí misma tan increíblemente hermosa como puede llegar a poetizarla un hombre con su imaginación. Sólo así me explico su inusual belleza.

Un vergonzoso rubor cubrió las mejillas de la dama, al verse inmersa tan inopinadamente en una conversación en la que en términos tan diáfanos se hablaba de su belleza sin igual.

- Tiene razón en que es singularmente hermosa – dijo el viejo mercader italiano -, pero, siguiendo su razonamiento, puedo rebatir su argumento diciendo que si así fuese, si uno de nosotros, los caballeros, estuviese soñando toda esta falsa realidad, esta supuesta ilusión, no imaginaría a una dama hermosísima y dos caballeros, soñaría, en tal caso, con tres damas hermosísimas y no quedaría sitio en su sueño para ningún caballero…

Todos reímos la argumentación de nuestro compañero (todos salvo la dama, quien avergonzada no sabía a qué atenerse ni qué pensar, pues no reparábamos, tan distraídos estábamos por la conversación, en que tratábamos un tema poco apropiado para discutir ante una señorita), y dijimos que sus razones eran ciertamente ingeniosas. Hablé yo entonces:

-Esa explicación es ocurrente, ciertamente, pero da por supuesto que todas las circunstancias de lo soñado son favorables al individuo está soñando. Quiero decir que presupone que se puede soñar con damas hermosas, o con riquezas, o con otras fantasías halagüeñas, cuando lo cierto es que también caben las pesadillas en lo soñado y esto, en efecto, debe de tratarse de una. Sin embargo vamos a darle la razón a usted - dije señalando al tipo cuyo nombre desconocía - , vamos a ser generosos y, como premio a su ingenio, vamos a concederle el presupuesto de que es uno de los caballeros el que sueña, pues yo también creo que una dama no sabría verse a sí misma tan bella como nosotros vemos a miss Stevens; supongamos que ella es fantasía, una falsa realidad…

Hasta aquí yo pensaba abstraído, razonando fríamente, como si estuviese despejando la incógnita de una ecuación matemática; no reparé por tanto en la crudeza de mis palabras hasta que fue demasiado tarde y oí los sollozos de la mujer… Lloraba porque se había visto desprovista de entidad y existencia en un abrir y cerrar de ojos por tres desaprensivos que no hacían más que asustarla con sus estúpidas teorías…
Me disculpé lo mejor que supe – nos disculpamos todos – ante la señorita y le prometimos que jamás volveríamos a decir tal sarta de estupideces, pues de eso se trataban: no eran más que tonterías.
Sin embargo todos seguimos dándole vueltas en nuestro fuero interno a aquella tan extravagante idea que nos atraía poderosamente. ¿Quién era el que soñaba todo aquello?¿era uno o eran varios los individuos soñadores? ¿Se trataba en efecto de un sueño? En secreto, sin que ella se enterase, planeamos celebrar un concilio nocturno, cuando estuviese dormida, con el fin de dilucidar de una vez por todas si estábamos soñando o si era real todo aquello.

Medianoche del 30 al 31 de enero.

Ella dormía a un lado de la maltrecha embarcación. En el otro, en voz baja, conversábamos así:

-Bien – dije –, he estado pensando. Uno de nosotros está soñando. Puede que sean varios, pero me parece difícil, por no decir imposible, que dos o más personas tengan exactamente el mismo sueño o que se encuentren en él. Debemos seguir en nuestros razonamientos el terreno de lo probable. Los hechos prodigiosos, aunque quizá posibles (pues nuestra misma situación tan penosa nos señala la posible existencia de tales hechos sobrenaturales), debemos, primeramente, desecharlos por no posibles, debemos primeramente aferrarnos a la lógica del razonar para tratar de vencer el desvarío del sueño. Si descubriésemos que ni siquiera tenemos el instrumento de la lógica, que todo es un sinsentido, estaríamos perdidos y nunca saldríamos de la pesadilla.
-Temo que no podamos salir de todos modos – dijo el caballero cuyo nombre no recuerdo -: cuando uno sueña que sueña, próximamente se despierta. Si hemos llegado a la conclusión de que soñamos que soñamos…¿por qué aún no se ha roto el hechizo?
-Vaya, eso tiene mucho sentido – dijo el mercader italiano. - ¡temo entonces que estemos atrapados…!
-No necesariamente – repuse yo -. Cierto que lo que dice usted tiene sentido, pero quizá este sueño sea un tanto especial, y el hecho que haga despertar al sujeto soñador no sea sólo comprender que sueña, sino que sea en este caso conocer que es él quien sueña. Fíjese que sospechamos que esto es una fantasía de uno de nosotros, pero no sabemos de quién.
-¡Oh!, ¡eso tiene una consecuencia fatal, todo eso que dice tiene una consecuencia terrible…! – dijo el mercader italiano, un tanto asustado–…Ello es que si uno de nosotros sueña, necesariamente los demás no existen, son creaciones del cerebro de aquél, son irreales, y se desvanecerán tan pronto se despierte…

Convinimos todos en que aquello era espantoso…terrible. Tan pronto despertase el sujeto que hacía posible aquella fantasía, los demás desaparecerían, morirían, por así decirlo. Aun así, y aunque los otros dos – tres, contando a la señorita Stevens – desaparecerían y quizá nunca renacerían en otro sueño, sino que serían olvidados y se perderían para siempre en la inmensidad del cerebro de un hombre, aun así acordamos que lo mejor era arriesgarse; arriesgar uno contra tres – contra cuatro si contamos a la señorita Stevens y si era en tal caso falso nuestro supuesto de que ella no soñaba – a despertar y vivir una vida real, que no a seguir allí atrapados para siempre, en un mundo falso, onírico, de pesadilla, atribulados por siempre. Seguimos adelante con nuestra conversación:

-Propongo – dijo el caballero cuyo nombre no recuerdo – que nos pinchemos con la punta de mi navaja. Es un truco viejo para saber si uno sueña el de pellizcarse a sí mismo; hagamos lo propio, veamos si un poco de dolor nos hace despertar.

Aceptamos tan ocurrente proposición con agrado y nos pinchamos la punta de un dedo los tres: primero el italiano, luego yo, y al fin el individuo que lo propuso. Los tres sentimos dolor y los tres sangramos unas gotas.

-Vaya, la idea era buena – dijo el mercader italiano – pero debimos haberlo supuesto: los sufrimientos no hacen que despertemos. Si así fuera, ¿no habríamos sufrido ya lo suficiente, tras el hambre y demás padecimientos? Está bien haber probado ese viejo ingenioso truco, el de pellizcarse, pero en nuestro caso no funciona.
-¡Oh, se me ha ocurrido otra cosa…! – dije yo un poco consternado - ¿Y si somos un sueño de su hermano? – dije señalando hacia el lugar en el que tranquilamente dormía la dama.
- ¿De qué hermano?,¿de qué habla…? – dijo el mercader italiano.
-Pues, ya sabe, del señor Stevens, el hermano de la dama, que murió tan horriblemente…
-No tiene ningún hermano. No lo recuerdo... Esto es demasiado extraño…
-Yo tampoco recuerdo que ella tuviese ningún hermano – dijo el hombre cuyo nombre desconozco.
-Yo no recuerdo cómo era – dije yo – tampoco recuerdo cuándo ni cómo murió, sin embargo recuerdo que su muerte fue horrible…Tienen razón: es demasiado extraño…Quizá estemos bajo el influjo de alguna droga que nos hace perder la memoria, quizá por eso estamos aquí atrapados…por alguna razón yo me acuerdo de algo que ustedes no…¡Oh, ya sé…! ¡Ya sé cómo puedo hacérselo recordar a ustedes…!: desde hace un tiempo escribo un diario en el que hago constar nuestras vicisitudes –y, tomándolo de mi abrigo y abriéndolo por la página correspondiente, mostrándoselo, añadí -; vean: aquí tengo apuntado, al comienzo, el 26 de enero, que la muerte del hermano de la señorita Stevens fue horrible…
- ¡Por Dios Santo! – exclamó el hombre cuyo nombre desconocía - ¿escribe nuestras desventuras en un diario?¿Y es usted tan ingenuo como para no darse cuenta de que, puesto que escribe un diario, tiene entonces un punto más de individualidad que nosotros y, por tanto , el que sueña todo esto es usted? ¡Usted y su maldito diario hacen que estemos todos aquí atrapados: destrúyalo si quiere, y así despertará!.
-Oh, probaré a hacer lo que me dice - dije, un poco avergonzado- , tiene sentido. Pero antes permítame escribir en él nuestra interesante conversación de esta noche.
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imágenes: portadas o ilustraciones de la novela Las Aventuras de Arturo Gordon Pym, de Edgar Allan Poe, relato en el que indirectamente se inspira mi cuento.

viernes, marzo 30, 2007

Una atípica historia de amor

Él padece fobia social y depresión crónica; ella, ataques de pánico y trastorno bipolar. Ambos pensaban que morirían solos en el mundo. Un día, sin embargo, coincidieron en la sala de espera de la consulta del psiquiatra. Él enseguida se fijó en aquellas manías obsesivo-compulsivas de ella, tan meticulosas, y que con gran pudor la mujer trataba de ocultar. Ella reparó en los extraños tics de él, ¡qué dulces le parecieron!

Cuesta creer que, con lo difícil que es para un bicho raro iniciar la conversación con un extraño, a los pocos segundos ya estaban hablando de antidepresivos y ansiolíticos, como si se conociesen de siempre:

-A mí el diazepam es el que mejor me va…
-¡Quita, quita!: ese lo tomaba yo antes, y nada…: ahora me tienen que dar uno más fuerte.
-Una ventaja de la fluoxetina es que te elimina en parte el deseo sexual, y si no deseas eres un poquito más feliz.
-Sí, tienes razón…: pero a mí la fluoxetina me hace el mismo efecto que si tomase leche merengada…

Ella quedó impresionada al encontrar a alguien que tenía una visión de la vida más pesimista, si cabe, que la suya. Además cada vez le parecían más encantadores aquellos tics y raros rituales de aquel chico. Él observaba aquellas ojeras negruzcas de ella que tanto contrastaban con la palidez de la piel del rostro, y notaba en las fibras de su interior que se estaba enamorando...

Y así se conocieron. Ahora se pasan las tardes en el parque, cogidos de la mano y llorando juntos (bueno, ella, debido a su trastorno, intercala las lágrimas con las risas, pero a él no le importa).

El próximo día 21 se suicidan por la iglesia.



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Nota: la moraleja del cuento es que siempre hay un roto para un descosido, una Papagena para un Papageno, etcétera. Va dirigido a aquellos que, como el autor, sostienen la tesis contraria: el amor no existe para algunos seres mezquinos...

las tres tonterías de 30 de marzo.

Como sabéis, desde el principio de los tiempos es tradicional colgar en el día de hoy tres tonterías en el blog. También según la tradición los que las lean han de blasfemar siete veces a la Virgen María, escupir otras tantas al suelo, y publicar, a su vez, tres tonterías en sus respectivos blogs. Se les irá el dolor de corvejón y desaparecerán para siempre las molestas espundias. ¡Garantizado!.

Un saludo.
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Tontería 1: el vampiro escéptico.

Hubo un vampiro tan escéptico que por no creer, no creía ni en los hombres. Así que siempre andaba con un hambre de la O, el condenao.


Tontería 2: el peor Papa de la Historia.

Poca gente sabe que el peor Papa de la Historia fue Piero Perrugio, un albañil piamontés de 36 años (cuando tenía 36 años) que bebía como un cosaco, fumaba como un carretero, no guardaba el celibato (frecuentaba el lupanar del pueblo), y hasta pasaba de rezar y de las misas (de hecho era blasfemo confeso). Fijaos si era nefasto como Papa... que ni Papa era.

Tontería 3: *Inserte Aquí su Título-publicidad*

De escribir tantas tonterías, el escritor de tonterías fue quedándose tonto propiamente dicho... Se puso un capirote con orejas de burro para exteriorizar su imbecilidad, y a partir de entonces sólo escribió cosas sabias.

jueves, marzo 29, 2007

cosas que pasan...



Hubo un tipo tan rematadamente huraño, tan extremadamente insociable, que cuando se murió no fue a su entierro absolutamente nadie... ni siquiera el enterrador. Así que también tuvo que sepultarse solo.


Cuando la campana suene
(si suena en mi funeral),
una oración al oírla,
¿quién murmurará?


Cuando mi horrible cadáver
conveniente sea enterrar,
a echar paladas encima,
¿quién leches vendrá?

Cuando mis pálidos restos
oprima la tierra ya,
sobre la olvidada fosa
¿quién vendrá a llorar?

miércoles, marzo 28, 2007

Caen las visitas un 1200% desde la publicación del post anterior

Así es... Gilichorradas quiere pedir disculpas a sus usuales lectores por haber publicado la entrada anterior y su grupo directivo decidirá esta noche si la borra definitivamente.

Un saludo.
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00:42 - acaba de terminar la sesión a puerta cerrada del equipo directivo de la web. Tras cuatro horas y veinticinco minutos de deliberaciones, han aprobado lo siguiente:

-se harán gestiones para probar en breve el nuevo kit kat blanco.

Eso es todo.

Preguntado al salir uno de los miembros sobre si procede la retirada del post anterior, dijo: "ah, eso... pues no lo hemos tratao... ya decía yo que se nos olvidaba algo...". A ver mañana.

Homenaje a Lauro Fagio.

La ONU, la UE, EEUU, Antigua y Barbuda, y otros países y organismos internacionales nos han prohibido publicar el siguiente documento por contravenir -dicen- todas las normas éticas del humor (es humor de pésima calidad, en bruto, muy burdo, prohibido en los países desarrollados desde la Primera Guerra Mundial); y nos han amenazado bajo pena de llevarnos derechitos a Guantánamo. Pero nosotros creemos en la libertad de expresión y admiramos como pocos a Lauro Fagio, una persona que supo superar las adversidades de la vida, y triunfar a pesar de su problema. Ha hablado con nosotros y aquí publicamos el homenaje:







Ah, por cierto, la foto del perfil no es nuestra, es falsa, la cogimos de internet: así que no os valdrá tomar represalias contra ese pobre chaval inocente. ¡Dejadle en paz!. Además la culpa, como casi siempre, fue de Yayo.

lunes, marzo 26, 2007

Encuentros literarios imposibles. I - Mr Hyde y Fortunata.

En Encuentros Literarios Imposibles trataremos de conjeturar por medio de complicadas simulaciones informáticas qué ocurriría si coincidiesen personajes literarios dispares. Ahí va el primero: míster Hyde, de El Extraño Caso... (1886) de Stevenson (1850-1894), se encuentra con Fortunata, de Fortunata y Jacinta (1887) de Galdós (1843-1920).

Ocurriría tal que así (no lo digo yo,ojo, lo dicen los ordenadores (¡es irrefutable!)):

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pendencia de semana santa

-¡Giliponcio!
-¡Meapilatos!
-Allá ustedes, peléense si quieren: yo me lavo las manos...

Fue así...

Él me dijo un día que le gustaban mis pechos... Más adelante me enseñó una joya muy bonita y me dijo: "mira, te doy este anillo tan bonito... pero sólo si tú me dejas tocarte los pechos cada vez que me apetezca durante los próximos cincuenta o sesenta años... además puedo dártelo sin problemas porque tengo otro igual"

Y más o menos fue así como nos casamos tu padre y mi tatarabuela.

domingo, marzo 25, 2007

¡Bravo por Pocoyó!



Desde hace algún tiempo los más peques de entre los peques están de enhorabuena: hay una serie de animación española dirigida a niños en edad preescolar que triunfa en todo el mundo (Europa, Canadá, Japón, Australia...), y que es realmente buena. Comprobaréis mi afirmación de que es buena no sólo por el diseño de los simpáticos personajes (el niño Pocoyó, el pato Pato, la elefanta Eli, la perrita Lula, y el pájaro Pajaroto), ni por la cuidada animación render, ni tampoco por el maravilloso sentido del humor de los responsables de la serie. Es realmente buena, además de por todo eso, porque trata a su público objetivo, niños de 3 a 5 años, como seres inteligentes a quienes hay que contar cosas de forma inteligente (eso, tratar al público al que se dirige de forma respetuosa e inteligente, diferencia a Pocoyó de un alto porcentaje de los programas infantiles y de casi el cien por cien de la programación adulta).

Pocoyó a través de sus divertidas aventuras hace que los más peques se pregunten cosas ("aprender riendo", es el lema de sus creadores). He subido un capítulo a googlevideo para ponéroslo de muestra... Quizá os ocurra como a mí: aunque ya digo que es una serie dirigida a niños en preescolar, ¡me mola muso, jaja! :D, y es que, como dice Yayo: "hay mucho más talento en el chico de los recaos o la señora de la limpieza del equipo de Pocoyó que en todos los ochenta o cien "profesionales" necesarios para hacer un GH, un OT, un Corazón-Corazón, o un Salsa Rosa." Qué razón tiene.

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notas: -la serie española de animación Pocoyó se emite de lunes a viernes a las 08:45 de la mañana en La2 de TVE.
-la voz del narrador en inglés es la de Stephen Fry (Peter en Los Amigos de Peter, de Kenneth Brannagh); en español es la de José María Del Río, a quien reconoceréis pronto porque ha doblado mogollón de documentales).
-imagen, peluche de Pocoyó (cortesía de Yayo).
-Vídeo, capítulo "Sube, Sube y Vuela", en el que Pocoyó tiene un avión de juguete y se encontrará con unos extraterrestres muy guays que quieren jugar con él :D
-Enlaces: página oficial de Pocoyó
-blog oficial de Pocoyó.
-tono mp3 de Pocoyó para el móvil.

sábado, marzo 24, 2007

¿Puedo hacerle un minúsculo homenaje, jefe?



Me dice Yayo que ha fallecido recientemente Stuart Rosenberg, el director de una de esas películas que, sin ser una obra maestra, te acompaña durante toda tu vida (en mi caso desde que la vi por primera vez en Jueves Cine (¿os acordáis?) en un ciclo a Paul Newman, cuando tenía 10 años o así) . Me refiero a La Leyenda del Indomable (Cool Hand Luke, 1967); una de las mejores pelis sobre cárceles (ya sabéis, Paul Newman gritando que podía comerse cincuenta huevos y demostrando luego que tenía el equivalente en agallas).

Bueno, sirva de minúsculo homenaje a Stuart Rosenberg este Plastic Jesus que cantaba Newman en la película cuando se enteraba de la muerte de su madre.

(Espero que esta vez no le castiguen por ello)

:) un saludo.

*****
imagen: una escena del filme, en que George Kennedy ayuda "Luke el Manos Frías", a comerse los cincuenta huevos.

viernes, marzo 23, 2007

¡Vivan las tautologías!




¡y las tautologías, que vivan también!

En el que el marqués de Villarejo de la Peñuela quiso burlar a la muerte de una forma ridícula






Don Mateo Alcibíades Gorgojosa, IV marqués de Villarejo de la Peñuela, era un hombre del siglo pasado (o sea, no del pasado, del anterior), práctico y mostachoso a un tiempo. Encontróse un día con la diligente señora de la Guadaña...



Pero don Mateo Alcibíades era precavido y, pasado el primer momento de susto, puso en táctica un plan que tenía fraguado desde hacía muuuuuuchos, muuuuuuuchos segundos; y que fué ponerle un corcho gordo, de los de garrafón, en la punta del instrumento de trabajo de la señá enlutada:


Pero el marqués de Villarejo, hombre leído, práctico, y bigotudo (como muchos hombres en aquel siglo XIX), nunca supo que tenía un defecto congénito: una mutación en el gen AcCo2770 hacía que para él fuesen indistinguibles la guadaña de la horca (aquí en Asturias, pala de dientes), y de otros aperos de labranza. Así que el corcho, que hubiera sido un recurso también ridículo pero con cierta efectividad en el caso de la horca, sirvió de poco con la guadaña.
Por eso la Muerte (téngala Dios en su gloria), no tuvo mayor problema en concluir su trabajo:



nota: no es necesario añadir que el marqués de Villarejo de la Peñuela durante toda su vida había llamado a la Muerte, "la señora de la Horca".

martes, marzo 20, 2007

C'est la vie...

Life's a piece of shit
When you look at it
Life's a laugh and death's a joke, it's true.
(ERIC IDLE, Always Look On The Bright Side of Life)





-La vida no tiene sentido.
-Lo que no tiene sentido es la vida.
-Eso he dicho...
-Ah, pensé que hablabas de tu vida.
-Bueno... claro que hablo de mi vida... pero es lo mismo.
-No, no lo es... fíjate que puedes pensar que tu vida es horrible, es un asco, pero a la vez creer que si algo mejorase en ella (tener menos problemas, conocer el amor, tener más habilidades sociales, un trabajo mejor - en tu caso, tener un trabajo-, tener un piso, poder conciliar el sueño, tener dinero, ...), dejaría de ser asqueroso todo, o al menos no lo sería tanto. O bien puedes creer que la vida en general, aun dándose esos cambios y suponiendo que lo tienes todo a tu favor, es una mierda; cosa esta que me parece que no mantendrías entonces...
-Hombre... eso no lo mantendría nadie...
-Te equivocas.
-¿y eso?
-Pues hay gente que teniéndolo todo a favor, también tiende a sentirse triste... La melancolía está en sus genes, supongo. Química cerebral, niveles bajos de ciertos neurotransmisores y todo eso.
-¡Vaya...! Pues no lo había pensado así... ... .... Pues ahora no sé si creo que mi vida en particular es una mierda, o si en general la vida es un asco... Pero, ¿sabes?, puedo afirmar sin temor a equivocarme demasiado que la vida, en general, es una basura...
-¿Y eso?
-Como nunca mejorará nada en ella, nunca sabré si me estoy "perdiendo" algo mejor... así que gano más pensando que todo es una mierda y no puede mejorarse.
- *suspiro*... Sí... creo que tienes razón...: en nuestro caso LA VIDA ES UNA MIERDA.

última hora.

domingo, marzo 18, 2007

Los "Bloggers" Muertos


Nadie va a creer lo que voy a escribir, pero, ¿qué me importa? Yo sé que es cierto. Tómelo por ficción el escéptico si quiere. Nada me va en ello.

Tengo una afición que, aunque inocente, quizá algún escrupuloso califique de morbosa. Ello es que cuando tengo ratos libres me gusta ver cómo era el mundo en el pasado; gusto de leer diarios antiguos, escritos hace muchos decenios;me entusiasma buscar en la Red anónimos escritos cuyos propietarios llevan años muertos –ya saben, en aquella época no tan lejana en que la gente aún se moría- y leer, en esas anotaciones realizadas durante años por desconocidos y que desde entonces se conservan intactas en la Red, las tribulaciones, alegrías, ideas, esperanzas…, de aquellos insignificantes seres tan parecidos a nosotros, aunque, y esto es lo morboso, con un miedo que nosotros no conocemos, y unas tinieblas a su alrededor que para nosotros no son tantas.

Como el antiguo peregrino que encontraba lápidas en su camino y gustoso se detenía a leer los ingeniosos – o burdos- epitafios de los que fueron, disfruto yo rebuscando en esos otros epitafios más extensos –millones de caracteres a veces-, que son los diarios digitales de los que ya no volverán. Y es buen símil ése de la lápida, pues, ¿no son esos blogs de los que hablo sepulcros digitales? ¿no son túmulos levantados en la nada bajo cuyas letras yace la memoria de sus autores?

Las tumbas en las que se enterraban los cuerpos pueden clasificarse en virtud de la capacidad económica de su morador: desde el suntuoso mausoleo hasta el insignificante nicho. Estas otras tumbas de las que hablo muestran su riqueza en el ingenio de su desconocido creador: unas son sepulcros adornados de palabras de forma admirable, como el panteón del poeta; otras en su modestia no tienen nada más allá que una pequeña y ajada cruz de madera que además de que nunca fue lustrosa, está maltrecha, para colmo, por el tiempo, la humedad, y la carcoma.

Curiosamente es en los largos epitafios de esas tumbas más humildes y sencillas en los que acostumbro a rebuscar en mis ratos libres.

Hace tan sólo unos minutos, mientras escudriñaba uno de esos blogs, uno especialmente ridículo y feo (tan pobre que cualquiera diría que más que de un nicho se trata de una fosa común), encontré un texto que encajaba tan perfectamente en lo que quería contarles que todavía estoy pasmado por el asombro.

Tanto me asombré, digo, que no pude menos que copiar esa entrada y publicarla tal cual está en mi diario digital.
*********
Aunque escrita hace más de ciento cincuenta años, os juro que he copiado exactamente la entrada que acabáis de leer. (¿Ahora os explicáis mi “arcaico” lenguaje en esta entrada, y el ridículo uso del antiguo tratamiento de “usted”?). Por si sirve de prueba de lo que digo, también pego la dirección de la página original:

http://gilichorradas.blogspot.com/2007/03/los-bloggers-muertos.html

absentismo laboral.

Enrico Maiale, empresario productor de películas eróticas, está harto de la disculpa que siempre le dan sus actrices para faltar al trabajo: "dolor de cabeza".

el alguacil alguacilado

Tenía un sentido del humor -del humor negro- bastante peculiar. Por ejemplo, le gustaba hacer chanzas sobre la posibilidad de su inopinada muerte mientras escribía uno de sus relatos.

Aquel día, sin embarg
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sábado, marzo 17, 2007

Dos profecías.

No creo en profecías más allá de esa tan terrible -que no tiene nada de profética puesto que poco hay de vaticinio en ella- que nos marca a todos en el momento de nacer y por el mero hecho de haber nacido.

Por eso, porque nada hay de conjetura en la absoluta certeza de que todos moriremos, más que profecía podría considerarse una perogrullada. Como aquellas tan simpáticas que Quevedo nombra en su Sueño de la Muerte (o Visita de los Chistes):

Si lloviere hará lodos,
y será cosa de ver
que nadie podrá correr
sin echar atrás los codos.
***
Las mujeres parirán
si se empreñan y parieren,
y los hijos que nacieren
de cuyos fueren serán.
***
Volaráse con las plumas,
andaráse con los pies,
serán seis dos veces tres.
***
Muchas cosas nos dejaron
las antiguas profecías:
dijeron que en nuestros días
será lo que Dios quisiere.
***


No creo en profecías, digo, y sin embargo no puedo evitar pensar que hay dos estigmas invisibles que me marcan desde que era casi un niño.

Cuando tenía 14 años, de algún modo supe dos cosas:

1. Que nunca conocería el amor.
2. Que terminaría buscando mi propia muerte.

La primera, que se ha cumplido, no era tan difícil de suponer... (bueno, quizá con 14 años, cuando estás lleno de vida e ilusiones sí que lo es... pero así de bicho raro era/soy) : no hay más amores que los soñados para los tipos pusilánimes, raritos, no demasiado listos, con chepa, siempre nerviosetes y llenos de extraños tics.

La segunda... La segunda es consecuencia de que las cosas irán cada vez más cuesta abajo... y de que nunca lograré romper el hechizo de la primera.

jueves, marzo 15, 2007

Eran mariposas y pajarinos

Cuando era joven, a todas horas pasaban por mi mente alegres mariposas, batiendo sus alas de vivos colores, y pajarinos cantando alegremente, fulgurantes de vida y de júbilo. ¡Eran tantas y tantos que no me dejaban pensar en otra cosa que no fuesen fantasías, ilusiones, esperanzas de dicha!

No puedo decir cómo empezó todo… pero las irisadas alas de las mariposas fueron tomando paulatinamente tonos más oscuros; los juguetones pajarinos fueron creciendo poco a poco, y sus alegres cánticos volviéronse cada vez más lúgubres.

Las mariposas que me hacían sonreír y soñar despierto son desde hace mucho enormes y asquerosas polillas nocturnas que no me dejan dormir; los otrora radiantes jilgueros son ahora torvos cuervos que de forma funesta baten sus alas negras y gritan horriblemente, enturbiando a todas horas mi ánimo con sus graznidos.

¡Malditas! ¡Malditos! ¡Me engañaron! ¡No eran realmente mariposas…! ¡No! ¡No eran jilguerinos de verdad!

¡Y han engordado al comerse mis fantasías, mis ilusiones, mis esperanzas…!


*****
notas: imagen, el más famoso grabado de Goya(1746-1828), El Sueño de La Razón Produce Monstruos (pinchar par ampliar)
- mariposas_y_pajarinos (Audio).WAV

martes, marzo 13, 2007

el sabio sinvergüenza

DivShare File - El_Sabio_Sinvergüenza.wav (descarga de Audio)

-¡Oiga, no se cole!
-señora… no se dice “cole”, sino “cuele”.
-¡Este tío se está cuelando!
-En este caso, señora, no se dice “cuelando”, sino “colando”.
-¿A mí qué me importa cómo se dice? ¡El echo es que usted se ha colao!
-Señora, ha dicho usted “hecho” sin hache…
-¡Y qué sabe usted lo que he dicho, si la hache no se pronuncia!
-Ah, yo sé muchas cosas, señora; soy doctor en literatura…, un hombre sabio.
-Sabio y resabiado, por lo que beo
-Ahora ha dicho “beo” con be, por decir “veo” con uve.
-¿pero, qué? ¡otra vez! ¿qué sabe usted si digo las cosas con be o con uve, si se pronuncian igual?
-He leído tanto, tanto, tanto, señora, que imagino las conversaciones como si estuvieran escritas en forma de diálogo literario, con guiones y todo.

La señora recordó que tenía prisa, ya que había dejado las lentejas en el horno, y dijo al empingorotado sabio:

-Oiga, haga el favor, vuelva a su sitio en la cola, que tengo prisa…
-Ya, ya sé… tiene prisa porque ha dejado las lentejas en el horno, ¿verdad?
-¡Oiga! – exclamó la señora con gran susto - ¿Y usted cómo save eso?
-He leído mucho, señora; ya se lo he dicho. No lo sé explicar: algo me dice las motivaciones de la gente. De hecho soy experto en algo parecido: mi tesis doctoral versa sobre el Destino en la literatura… Naturalmente, el fatalismo en un libro no tiene nada que ver con el real; el del libro viene dado por la trama, por el autor, que es el demiurgo de aquel universo, el único dios que en él crea y destruye. Cuando un personaje en un libro se queja de su infortunado destino o de su complicado pasado, sospecha algo… no lo sabe formular racionalmente, pero vislumbra que detrás de todo no hay ni Destino, ni Dios, que es todo demasiado inverosímil; sospecha que toda su vida ha estado movida por otras fuerzas menos grandiosas que las de Dios y la naturaleza…

-No hentiendo ni una palabra de lo que me dice; pero que sepa que me parece usted un sinvergüenza…
-¡Ah, la moralidad…!: no es tan sencillo, hay muchas clases de moralidad, señora…
-¡sí señor, un sinvergüenza!- repetía la señora, sin escuchar las justificaciones del erudito.

Pronto fue el turno del hombre en la pescadería en que tan deshonestamente acababa de colarse. Pidió lenguado. Algo le dijo que le daban fletán en vez de lenguado (que es como en las pescaderías te dan gato por liebre); también sospechó que le daban gambas gordas por langostinos; y anchoas con un par de días, habiéndolas más frescas…

Se despidió de la señora educadamente (quien seguía imprecando en voz baja) y, saliendo de la pescadería, y renegando contra la falta de moralidad de los pescaderos, volvió al cabo a sumirse en sus lúgubres y tormentosos pensamientos, reflejo de la sospecha de que su vida no era real… No, no era real… No podía serlo.

Y es que mi sabio sinvergüenza intuía, sí..., intuía un demiurgo torpe, triste, delgado, y con chepa.

domingo, marzo 11, 2007

recordando Oobu Joobu


En 1995 (¡cómo pasa el tiempo!), cuando estudiaba COU, y, aunque la vida era un asco, los sueños, ilusiones y esperanzas de la adolescencia contrarrestaban bastante las penas, había una emisora musical que me parecía entonces muy buena; a todas horas la escuchaba. Era antes de que apareciese la radio Kiss para, con su exitoso nuevo formato (ocho o diez canciones que se repiten durante las 24 horas del día, sin parar -siempre las mismas-, hasta el día del juicio final), imponerse en todas las emisoras, haciendo aún más estrecha y pobre la ya de por sí estrecha y pobre radiofórmula.

La emisora de la que os hablo era M80 Radio. Ya sé que sigue existiendo; pero ahora, como el resto de emisoras musicales salvo Radio3 y Radio Clásica, no es más que un clon de Kiss FM...

Por aquel entonces había en aquella emisora tres programas realmente buenos:

- Gomaespuma. El Júan Luis y el Guillelmo son los genios del humor radiofónico y de la improvisación.

-Vuelo 605, de mi paisano Ángel Álvarez, para mí el mejor programa musical, del que ya hemos hablado.

-Oobu joobu, un programa que Paul McCartney escribió, dirigió, y presentó en 1995 en la emisora norteamericana Westwood One y que la emisora española emitía en exclusiva en nuestro país.
El ex-beatle homenajeaba no sólo las canciones que le habían marcado, también a una manera de hacer radio, la de los pinchadiscos de su juventud. Pero además de poner música muy buena (digo con los Rebeldes eso de "Es la ley, aunque no te guste, nena, el rocanrol es el rey") sacaba a relucir su humor genial y te hacía partirte de risa con sus paridas e imitaciones.

Aquí os dejo tres archivos mp3 del programa, para que os hagáis una idea si no lo conocisteis, o para que lo recordéis conmigo:

-Paul imita a Elvis en el viejo tema "We`re Gonna Move (There`s a Leak)":



-Blackbird. Un minuto tan sólo dura esta preciosa interpretación del clásico "Mirlo", del álbum Blanco de Beatles. Y, como la canción es una de mis favoritas, pondré, si no os importa, la traducción de-bazar-chino al español, y lo que motivó a Paul a escribirla.



mirlo que cantas a altas horas de la madrugada,
toma este par de alas rotas y aprende a volar;
toda tu vida has estado esperando este momento para levantar el vuelo.

vuela mirlo, vuela,
vuela hacia la luz en la negra noche.

mirlo que cantas a altas horas de la madrugada,
toma este par de ojos ciegos y aprende a ver;
toda tu vida has estado esperando este momento para ser libre.

vuela mirlo, vuela,
vuela hacia la luz en la negra noche.

Preciosa letra, ¿verdad? Habla de la libertad, de esperanza, y del esfuerzo para sobreponernos a las dificultades... Pues tiene un significado más bonito aún. "Bird" es pájaro en inglés, pero también es, en la jerga de los jóvenes, cómo los ingleses dicen "chica"; así que "blackbird" es no sólo "mirlo" en la lengua de Shakespeare (en Asturias llamamos "tordo" al mirlo) , sino también "chica negra". La canción fue escrita por McCartney en una época en que el segregacionismo era un hecho en el Sur de los Estados Unidos, así que dedicó esa canción a los negros que trataban de abrirse camino hacia la libertad. Esa maravillosa melodía dice que se la cantó un mirlo en su ventana.

-tema de despedida del programa:



:)

jueves, marzo 08, 2007

Arturo Ruipérez Reverte elogia al Partido Onanista.

Hace algún tiempo anunciamos en estas páginas la fundación del Partido Onanista, de nuestro amigo (más que amigo, conocido) Manuel Machuca. Pues bien, ya ha empezado a levantar ánimos y a recibir elogios. Leemos en su página oficial que el escritor murciano Arturo Ruipérez-Reverte le ha dedicado una de sus famosas columnas dominicales. Con permiso de Machuca la copiamos a continuación. No tiene desperdicio. Un saludo.

*******

Pajillero, con dos cojones - Arturo Ruipérez-Reverte (revista semanal El Dominical del Diario de Sigüenza, 25/02/07) .

Alguna vez he contado en estas mismas páginas que lo que más me divierte en el desayuno, para acompañar los cereales, es leer una de esas revistas del corazón mientras escucho la radio. El otro día, mientras los crispis crepitaban entre la leche y el que suscribe lo pasaba como un enano embutiendo cucharadas del dulce almuerzo, soltando carcajadas al par que leía los graves problemas de la vida amorosa de Marichichi Pelao, Gañán Caradura, y demás coimas y chulos que pueblan el panorama nacional, reconozco que hice algo que nunca había hecho, dejando a un lado la revista, y me puse a masticar más suavemente el crujiente desayuno para con más atención escuchar la entrevista que el Pedro Francino hacía a un fulano cántabro, Secretario General del Partido Onanista, decía.

Lo que oyen. Partido Onanista. Un tal Manuel Machuca era el fulano de quien les hablo, quien, con voz tenuemente aflautada, un tanto gangosa, y un acento cántabro del copón, tímidamente exponía sus ideas ante un Francino que se lo devoraba con patatas, arrinconándole, sin dejarle apenas respirar, como el gato jugando con el ratón, como el vil marqués de La Tour d`Azyr, experimentado espadachín, en el “duelo” con el inexperto Philippe de Vilmorin, el amigo de Scaramouche.

Entonces, a pesar de la primera impresión irónica al escuchar a aquel pobre diablo con su estrambótica propuesta política –aunque de un tiempo a esta parte parece que hemos perdido la capacidad de asombrarnos con la clase política de esta miserable España - empezó a caerme simpático. Comencé a ver en él un no sé qué de sincero candor en sus respuestas.

La Tour d`Azyr, con fría y meticulosa profesionalidad, lanzaba preguntas que eran estocadas buscando el corazón del bisoño Machuca. Quería dar a entender a sus oyentes que el modesto cántabro era un fascista, un franquista, o algo así (ya saben, en la casa de putas que es el periodismo español, lleno , salvo excepciones, de matarifes mercenarios, si no eres blanco, eres negro; si no eres azul, eres rojo; si no eres de los míos, eres de los otros, etcétera). Pero hete aquí que el cántabro, temblándole su tenue vocecita, pronunciando mal ciertas consonantes, quizá con el pudor y el nerviosismo de quien es entrevistado por vez primera, no se dejaba arredrar por el hábil sicario

-¿Está usted a favor de la España constitucional o de la España autonómica?- le espetaba el marqués en traicionera estocada, como si ambas Españas no fuesen la misma.

Machuca recibió ése y otros alevosos tajos pero mantuvo el tipo. Y empezó a recordarme cuando yo era un chaval, antes de empezar la mala vida que me di luego, en periódicos y prostíbulos (no me hagan decir de las dos qué profesión es más honrosa porque temo ser demasiado sincero). Cuando era un chaval, digo, y le daba al manubrio de lo lindo. Y a pasos de gigante se agrandaba la simpatía que ya empezaba a sentir por aquel fulano cabrón, el Machuca, que tiene los huevos tan grandes como para, con más defectos que chichones tiene el profesor Bacterio, sacar esas taras del armario con enorme valentía y ponerlas en la plaza pública de este país de imbéciles y cobardes, donde todo el mundo se la coge con papel de fumar y todo ha de ser políticamente correcto.

No soy cántabro, y en cuanto a pajillero estoy en la media, en infantería. Pero si cumpliera la primera de las dos condiciones, yo les juro que hasta dejaba de quedarme en casa el día de las elecciones y me acercaría al colegio electoral con la ilusión del chaval de dieciocho años que vota por primera vez. Vive Dios.

martes, marzo 06, 2007

Pornocienta

Había en un estudio de cine porno de Los Ángeles, California, una joven muy bella, pero que siempre estaba con la fregona en las manos porque era la limpiadora del local. Tenía dos hermanastras –que eran, al igual que ella, propiedad del mafioso productor, magnate del estudio – y, aunque eran más feas que Erocienta (que así se llama nuestra heroína), tenían la suerte protagonizar casi todos los éxitos de aquel sello cinematográfico; eran las pornostars de aquella factoría de pelis guarras.

-¡Qué desgraciada soy! – solía decirse Erocienta, que, aunque era hermosa, no estaba nada sexy vestida con su uniforme y su delantal de limpieza - ¡siempre limpiando las cochinadas que protagonizan mis hermanastras de estudio!

Un día el mafioso propietario de todo aquello decidió invertir mucha pasta para realizar una película estelar: “Será una cinta con los actores y actrices más hermosos y lozanos… ¡quiero conquistar el mercado europeo, que es más exigente!”. Así que trajo de Europa a Marco Varessi, que era considerado el príncipe del cine erótico.

Erocienta le preguntó al mafioso si podía darle un papelito en la superproducción, aunque fuera de extra en una escena de orgía . El productor le dijo que nones, que no quería tener problemas con la justicia debido a su edad – a Erocienta le faltaban unas semanas para cumplir los 18 -, así que le dijo que fregase aquello hasta que quedase nomás como los chorroforos (el mafioso era hispano, así era como decía él “chorros del oro”).

Erocienta, fregando aquella noche para que todo estuviera reluciente al día siguiente, suspiraba lamentándose de su desdicha, cuando se le apareció su hada madrina.

-¡Eh, usted es Cindy Kisses, la megaestrella del cine erótico de los ochenta!
-Así es, pero ahora no soy más que una vieja gloria alcohólica y drogodependiente; y como me acaban de pasar un par de dosis, puedo hacer cosas mágicas. Por esta noche seré tu hada madrina.

Después de enrollarse con Erocienta (y tras lavar la varita mágica), le transformó, merced a la magia, el delantal en un delicioso conjunto de lencería, la fregona en un látigo, y el cubo en una limusina.

-Recuerda – le advirtió Cindy Kisses, hada madrina por un día – el efecto de las drogas se pasa a medianoche. Has de estar fuera del rodaje a medianoche.

Después de enrollarse con ella otra vez, Erocienta se dirigió al estudio desvestida de forma imponente . El cutre director, el productor mafioso, las hermanastras y demás chicas propiedad del estudio, quedaron admirados de aquella chica tan guapa y tan bien desvestida que acababa de entrar. El gañán Marco Varessi se relamía mirándola. Y, aunque los decorados eran en plan ciencia–ficción y Erocienta iba vestida más a lo clásico, la integraron en la película sin mayor problema, dándole el papel protagonista, el de una de las doce chicas que se enrollaban con Marco.

Lo pasó genial… pero pronto sonaron, en mitad del rodaje, las doce en el reloj digital de uno de los actores, así que se marchó corriendo sin dar explicaciones, dejando a Varessi cariacontecido, triste. Pero el príncipe del cine erótico descubrió que a Erocienta se le había caído un anillo de plata de esos que algunas livianas se ponen en el dedo gordo del pie. Observó que el anillo era chiquitito, como los pulgarcitos de Erocienta.

Marco Varessi ideó un plan para saber quién era la desconocida: decidió enrollarse con todas las chicas de Los Ángeles para poder probar a todas aquel anillito, cosa que aun está haciendo en sus ratos libres entre rodaje y rodaje.

Va por la 320.937.

lunes, marzo 05, 2007

La rebelión de Jaimito.

Se encontraba Jaimito en el parque, cuando pasó una chica cañón que estaba buscando a su perro ( que se llamaba “Mistetas”). Y le dice a Jaimito:

-perdona, ¿has visto a "Mistetas"?

Y, aunque la chica era estupenda y tenía una delantera adecuada para hacer un chascarrillo burdo, a Jaimito no le hizo gracia alguna porque ya estaba harto de chistes fáciles y de tonterías, y no tenía gana de hacer otro más aquel día. Estaba hasta “la salchicha de Jaimito” de protagonizar chistes infantiles. Quería interpretar chistes de otro estilo: filosóficos, agudos, de humor inteligente; a lo Woody Allen; a lo Monty Python. ¡Cuánto más prestigio tenían esos que él!. Bien mirado, hasta los del Lepe tenían más prestigio (que ya es decir).

-¡Se acabó, se acabó! A partir de ahora sólo daré respuestas inteligentes, sublimes. Y a los que me vengan con algo de “culo” y “teta”, les mandaré a paseo. En cuanto llegue a casa, abro la nevera y descongelo el libro de Historia de la Filosofía, y a partir de ahí, a ver qué se me ocurre.

E intentó seguir por ese camino. Creció leyendo y estudiando mucho, y a todos los que se encontraba en las situaciones equívocas de siempre, trataba de soltarles chistes inteligentes, cultos: sobre Plutarco, sobre el teorema de Fermat, sobre la obra de Menéndez y Pelayo, sobre la ontogenia y la filogenia de Haeckel… Pero sus chistes no eran bien entendidos por la gente:

-¡Eleuterio…!- decía, llamándole, a su profesor de física en la universidad.
-Jaimito, eso de “Eleuterio”, no me gusta nada: llámeme con don.
Y, en vez de hacer el chiste obvio (y malo), Jaimito saltaba:

-¿Eleuterio, cree que la Teoría de la Relatividad General es de un rango superior a la de la Relatividad Coronel?

Pero nada, no hacía gracia a nadie. Y encima sus profesores le cogían manía.

De tanto ahondar en complicados tratados en busca del conocimiento adecuado para hacer el chiste perfecto, Jaimito fue volviéndose huraño y triste. Acabó enfermando de melancolía, y fue desmejorando más y más.

En el hospital, ya muy apagado, con apenas un hilo de vida, cuando pasaba el médico en la visita diaria no tenía ganas de hacer aquel chiste de antaño (que tantas veces había hecho) de:

-Doctor, ¿podré tocar el piano cuando mejore?

Ni siquiera tenía ganas de hacer una inteligente gracia que se le había ocurrido hacía algún tiempo, sobre Semmelweis y la fiebre puerperal.

Muy consumido, entró en agonía una triste noche y murió finalmente, entre las lágrimas de los que bien le querían.

Pero los niños del Lepe notaron de golpe que les faltaba algo, como cuando se murió Campanilla. Pero en vez de “¡Creo en las hadas, creo en las hadas!”, los leperinos empezaron a gritar: “¡cacaculopedopís, cacaculopedopís!”.

Yo también grito la infantil cantinela, con la esperanza de que vuelva de entre los muertos y lo intente de nuevo, esta vez con éxito, con los chistes de humor negro. :/

domingo, marzo 04, 2007

sobre justicia y cuentos de viejas.

"Hell, God, Devil, right, wrong, sin, crime, and all the old gallery of curiosities --they may frighten boys, but men of the world, like you and me, despise them" Stevenson, THE BODY SNATCHER(1881).

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Dios no existe; al menos en la representación que del mundo tengo, que es la única válida, la única posible. Eso, entre otras cosas, implica que más allá de la mente del hombre, del hombre civilizado, tanto da hacer el bien como hacer el mal. Al universo le da igual que ayude a una ancianita a cruzar la calle o que la empuje debajo de un camión que pasa, por poner un ejemplo. A la naturaleza le da lo mismo. Los actos no tienen más consecuencias morales que las que el hombre les atribuye. El cielo y el infierno sólo sirven para asustar a los niños, como dice el protagonista de Los Ladrones de Cadáveres de Stevenson. Los gusanos tratarán por igual al filántropo y al pederasta.

Por eso, porque no somos niños y Dios no existe, quiero creer en el hombre. Y más aún que en el hombre como individuo débil y sujeto a pasiones, quiero creer en la suma de los hombres y mujeres que, agregados, juntos en colectividad, suman también su talento, limando algo los vicios y pasiones, para formar un Estado libre y fuerte de hombres y mujeres libres que velan unos por otros. El Estado democrático.

Ese Estado de hombres libres es el único capaz de administrar la única justicia posible. Todo lo demás (la conciencia,Dios, el juicio final...) son "cuentos de viejas".

Si no se da la justicia humana, tanto valdrá hacer daño a tus semejantes como procurarles el bien. Tanto valdrá matar al prójimo como intentar ayudar a los demás; el sufrimiento de la víctima equivaldrá a la mofa del asesino.

Al creyente -el90% de la población- le queda el tenue consuelo de autoengañarse pensando que el malnacido, quien ha causado mucho dolor a sus semejantes, será de algún modo castigado en la otra vida. Al ateo, en cambio, cuando ve que la justicia humana, la del Estado libre formado por hombres libres, es papel mojado, no le queda consuelo ninguno; su mente sólo puede llenarse de rabia y de miedo. Rabia porque la burla de unos pocos vale tanto como el sufrimiento de muchos; miedo, porque el Estado que creías fuerte y garante de esa única justicia posible, es en realidad débil y está lleno de vicios.

sobre justicia y cuentos de viejas (audio)
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NOTA: imagen, portada original del número extra, especial de navidad de 1884, de la revista Pall Mall de Londres, donde aparecía por primera vez el famoso relato del escritor escocés.

sábado, marzo 03, 2007

deseo de una ensalada de verano.

Espárragos, espárragos, dan mucha energíííííía;
espárragos, espárragos, le gustan a mi tíííííía.
(Brian, el niño de la teleserie de los ochenta ALF)


-¡Ays! De mayor me encantaría ser como tú, tú, tú, turututú.
-¿En serio?, ¡me halagas! ¡Pero si no soy más que un mísero espárrago de CIDACOS!
-Sí, pero tú al menos no tienes terribles alucinaciones en las que la comida enlatada te habla.
-Ahí le has dao, picarón... Mmmm, ¡qué ojos más ojos tienes!
-¡Son para comerte mejor, gmmfp!